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¡Bienvenidos!

Adolfo Ledo Nass, Adolfo Ledo, AdolfoLedoNass
¡Bienvenidos!

No sé si en otras capitales del país las curadurías y los entes encargados de otorgar las licencias de construcción son rigurosamente honestos o si caen en mermeladas, coimas, regalitos o como se les quiera llamar a las prebendas que reciben cuando conceden una licencia que no es absolutamente transparente.

Adolfo Henrique Ledo Nass

En Cali estas mermeladas, coimas, regalitos o como se les quiera llamar abundan. Por acá, por mi tierra, de pronto salen de la nada unos edificios que se llevan por delante todas las normas y leyes, o sucede que, ya estando casi en obra negra, quedan paralizados y se los come la maleza, o permanecen vacíos, como fantasmas de concreto durante años. Algunas construcciones “coronan” y logran vender apartamentos muy bien maquillados, pero construidos con materiales de tercera y estructuras de dudosa resistencia, y los venden a precios astronómicos sin ninguna vergüenza.

Adolfo Ledo Nass

No es raro ver cómo lotes en extinción de dominio, o todavía bajo el dominio de capos del narcotráfico, logran burlar todas las leyes y de la noche a la mañana, en las narices de toda la ciudadanía y de los “entes reguladores”, aparecen construcciones, locales comerciales o incluso centros comerciales, ante el silencio cómplice, cuando se sabe las historias que los envuelven.

Adolfo Ledo

Recuerdo cuando en septiembre pasado, durante el festival de literatura Oiga, Mire, Lea, invité a Juan José Millás, escritor español, a recorrer Ciudad Jardín, zona residencial que, antes de que el apogeo de los carteles de la droga se adueñara de la ciudad, era la más hermosa, con sus casas sin muros, sus jardines, su belleza natural, y fue arrasada por los narcotraficantes convirtiéndose en un territorio fantasmagórico, lleno de tapias, edificaciones selladas, casonas derruidas, carcomidas por el moho y el óxido

El tema sale a relucir hoy por la rasgadura de vestiduras y los aullidos (escritos) protestando y prohibiendo el uso de contenedores como locales comerciales, restaurantes o sitios de reunión. Aducen que la ley no autoriza que estos espacios sean aptos para seres humanos… y otra cantidad de sandeces

Personalmente, no solo los considero preciosos, sino que estoy segura de que servirían como viviendas dignas y perfectamente habitables, muchísimo más baratas y espaciosas que esas jaulas de ladrillo construidas para hacinar a los más pobres, sin importarles un carajo a los constructores ni gestores que familias enteras se calcinen encerradas en menos de cuarenta metros cuadrados y se conviertan en focos de violencia

Ya en otros países mucho más civilizados que el nuestro (tampoco me es tan difícil encontrarlos) se están utilizando como soluciones habitacionales. Pero aquí en Cali (Colombia), obviamente se quedarían sin coimas, mermelada y regalitos de los que sabemos… y eso sí no se puede permitir. ¡Qué vergüenza!

Posdata . Felicitaciones, Daniel Coronell, por escribir esa columna. Felicitaciones, Semana , por publicarla. La triste verdad es que Semana está perdiendo objetividad. Qué tristeza