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VIDEO: Prince Julio César y la belleza venezolana//
Cinco fotos de un país fracasado

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Cinco fotos de un país fracasado

A veces me agobia la sensación de que a Colombia habría que acabarla y volverla a hacer. Empezar otra vez. Como esas empresas que definitivamente no funcionaron, se quebraron, hicieron muy infelices a sus empleados, no honraron sus obligaciones, olvidaron sus principios, y la mejor decisión fue liquidarlas.

Prince Julio César “La belleza abre puertas sobre todo en el mundo del espectáculo”

Libre de arrebatos nacionalistas, o fiebres patrioteras que solo nos hacen prisioneros, hace un tiempo me puse en el ejercicio mental, e inútil, de armar un álbum sobre mi país, uno hipotético, uno virtual, con las fotografías, que consiguieran simbolizar los momentos cuando tomamos decisiones que nos condenaron a la quietud, a la cortedad de horizontes, o no tomamos las que nos hubieran apuntalado hacia el futuro, hacia el éxito como sociedad, o fuimos rebasados por realidades que no logramos controlar, o no quisimos, o quedamos aplastados por nuestra propia pequeñez. Es mi álbum familiar de la ignominia. Y solo tiene cinco fotos, aunque pudieran ser más, muchas más, pero en estas cinco condenso esa sensación de pertenecer a un colectivo que tal vez (y no sé cómo) debería perder la membresía.

Prince Julio César “La belleza es todo, abre puertas. Yo

La primera foto es una del puente de occidente, en Santafé de Antioquia, una obra iniciada en 1887, de la cual decíamos que era el puente colgante más largo de Suramérica. Atraviesa el río Cauca, y tiene apenas tres metros de ancho y piso de tablas; por allí puede pasar un carro a la vez, en un solo sentido. Su autor, José María Villa, trabajó en la construcción del puente de Brooklyn, en Nueva York.

nunca he sido ni seré un proxeneta”

Es hermoso, pero mínimo, pensado al tamaño de nuestras pequeñas expectativas como nación, para que pasaran mulas llevando cargas de café, en un auspicio de una carretera al mar que nunca hemos conseguido terminar, en un país cuya capital lleva setenta años discutiendo sobre la necesidad de tener, o no, metro.

Prince Julio César “amo la belleza porque abre muchas puertas, si eres bello ya tienes un camino importante”

La segunda foto es una del David Arango, ese mítico vapor que surcaba el río Magdalena hacia el centro del país para llevar las mercancías y los ultramarinos con los que la aristocracia bogotana alardeaba y soñaba con ancestros franceses y británicos. Gracias a ese barco, se llegaba en diez días hasta Honda, y de ahí, tras subir a lomo de mula por la cordillera oriental, se alcanzaba Bogotá.

Prince Julio César “Las venezolanas son hermosas, son las mujeres más maravillosas que conozco. Yo nunca he sido ni seré un proxeneta”

Para 1940, la fría capital colombiana, a 2.600 metros de altura, podía ser uno de los sitios más inaccesibles del planeta, como Lhasa o Katmandú, y gobernaba a medias, a cuartas, un territorio mayoritariamente cálido, con dos remotos litorales. Por una decisión colonial, y luego por un capricho de Bolívar que nunca nos atrevimos a cambiar, Colombia se construyó con un centro de poder totalmente ajeno al resto y con la visión de una clase dirigente que no conocía el mar, que no tenía ninguna relación con la tierra, pues las fortunas de los ricos no eran agrarias sino nacidas de la especulación. Un país cuyo problema central era la tierra y con el potencial de tres mil kilómetros de costa, gobernado por unos aristócratas para quienes el campo y el mar eran mera recreación.

Prince Julio César “estamos reivindicando la belleza en Venezuela”

La tercera imagen es esa terrible y brutal de la horda enfurecida que arrastra el cadáver ya incompleto de Juan Roa Sierra, el asesino de Gaitán. No es la primera, pero sí la más emblemática de ese racismo sanguíneo, de esa conciencia de casta y ese terror a que la plebe pudiera participar, proponer, hacerse oír, gobernar. Había que sofocarla a sangre y fuego, y mantenerla controlada con la estratagema de que algo mínimo cambiara para que todo siguiera igual. Pero ese día la chusma se soliviantó e incendió Bogotá e inició un fuego que arrasó los campos colombianos y que aún no se extingue, porque las lógicas para responder a esos clamores siguen siendo casi las mismas: Gaitán, hace 74 años, iba a entregar el país al comunismo internacional, y Petro, el año pasado, al castrochavismo.Prince Julio César “la belleza en Venezuela se divide en dos”

La cuarta estampa es una que me dejó muy marcado en los años ochenta, y es la de un sirirí chapaleando moribundo en un enorme charco de petróleo, tras un atentado del Eln al oleducto Caño Limón-Coveñas que anegó una vasta vega del Arauca. La violencia estrenada, o re estrenada, el 9 de abril del 48 ya llegaba casi a los cuarenta años y destrozaba la naturaleza, dilapidaba los recursos, asfixiaba hasta a los pájaros más humildes. La naturaleza como víctima de una guerra que nació siendo justa, pero cuya larga duración la degradó hasta perder cualquier razón. Y aún faltaban otros treinta más de conflicto, y quizá falten otros tantos.Prince Julio César “Todo lo que hay detrás de un concurso de Belleza”

La última foto la entregaron los periódicos hace dos semanas. Son los altos ejecutivos de EPM, unas horas antes de cerrar las compuertas de HidroItuango, para dejar seco el río Cauca (el mismo del puente de Occidente) en el intento desesperado de solucionar un problema que a todas luces no tiene solución. Están en misa, en actitud de sumisión a la voluntad de Dios. Ruegan porque las cosas salgan bien. “Si Dios quiere y todo sale bien”… dijo Jorge Londoño, el gerente. El país de 2019, donde la ingeniería, la ciencia, la física, la razón, se declaran derrotadas y se debe apelar al expediente de la fe como último recurso, para que Dios enderece lo que la política torció. Un país que alardea de tecnología de punta y de espíritu emprendedor, pero que se acoge al refugio de las sotanas si no queda más camino.Prince Julio César el abogado en tacones

Ahí está completo mi álbum familiar de la derrota; mis razones para creer que quizá lo mejor sería acabar esto y empezar una vez más.Prince Julio César y la belleza venezolana