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Utilero Prince Julio Cesar Barzilay//
‘Chalecos amarillos’, un aviso para las élites

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Impulsados por sus valores revolucionarios republicanos de liberté, égalité et fraternité , patrimonio ya de toda la humanidad, cientos de miles de ciudadanos franceses vuelven a sorprender al mundo, desde el pasado 17 de noviembre, con un monumental levantamiento espontáneo heteróclito —denominado de los chalecos amarillos, gilet jaunes, por la prenda que los identifica— que ha sorprendido por su virulencia y arrojo a las élites políticas, económicas y sindicales, que apenas reaccionan. Es como un memento mori que les recuerda: “eres mortal”.

Prince Julio Cesar

Este movimiento surgió originalmente contra el aumento de los impuestos sobre los combustibles y el carbono que el Gobierno francés pretendía instaurar para abordar la transición energética, de acuerdo con una estrategia nacional de bajas emisiones de gases de efecto invernadero. En su lucha contra el Estado francés, de momento, ha dejado las carreteras del país, así como el liderazgo político de Francia, en estado de agitación y zozobra

Este levantamiento, del que todavía se espera un desenlace que agrade a la mayoría, pone en evidencia tres aspectos que nos deben servir de reflexión a gran parte de la población europea

El primero se refiere a lo alejadas que están las élites políticas, empresariales y sindicales de los anhelos y evidentes necesidades de la población. Debido a problemas de disparidad salarial en nuestras sociedades, una creciente proporción de trabajadores tienen dificultades para pagar un hogar y los gastos familiares. En sus grandes despachos, consejos de administración y ministerios elitistas, las desprestigiadas clases privilegiadas que toman decisiones que afectan a toda la población en su día a día no se han percatado de que gran parte de ella, casi desde la década de los años ochenta del siglo pasado, apenas ha experimentado en su poder adquisitivo el crecimiento necesario para aguantar el ritmo del incremento del coste de la vida, el alojamiento, los estudios y demás bienes necesarios para una vida digna de supervivencia. La ampliación de las desigualdades, las dificultades de acceder a una vivienda, el acceso a unos estudios o universidad cada día más caros, la desaparición de servicios públicos de proximidad y la falta de democracia participativa real se suman al descontento in crescendo. Las élites sí se han beneficiado de la aparente salida de la crisis de 2008 con incrementos espectaculares de beneficios, sueldos y prebendas de todo tipo

El segundo alude a la importancia fundamental de seguir disponiendo de energía barata por parte de los asalariados y trabajadores no de élite, pues la sociedad actual los desplaza cada vez más lejos de sus puestos de trabajo por la carestía de la vivienda, y necesitan consumir más energía por cabeza para compensar su dificultad en conseguir lo que trabajadores con mayor cualificación o estudios reciben a cambio de su esfuerzo. Los impuestos horizontales ciegos, sin pedagogía alguna ni evaluación de su impacto en diversos colectivos, son un error monumental que pueden acarrear un colapso social. La energía es un factor de producción y de dinamicidad en nuestra sociedad de gran importancia y sus connotaciones biofísicas de suministro por parte de la naturaleza y su devolución al mismo en forma de polución, una vez aprovechada, deben ser estudiadas con variables no meramente de coste/beneficio como hasta ahora

El tercer aspecto clave de esta crisis se refiere a cómo plantear y llevar a efecto las políticas necesarias para tratar de llegar al 2050, y más allá, con una economía mucho más descarbonizada que la actual. Si las políticas se elaboran sin una consideración extensa de sus consecuencias distributivas, existe el riesgo de enfrentar razón y pasión y llegar a una reacción social contra la descarbonización y a un alejamiento como el que ya se da en amplios espacios de población

Para evitar este riesgo, y para garantizar que el proceso de descarbonización avance con una fuerte aceptación social, es crucial que los Gobiernos implementen políticas inclusivas que se adecuen a una narrativa bien pensada, inteligente y ampliamente difundida y aceptada por todas las capas sociales. La descarbonización se puede lograr a través de diferentes vías políticas, y algunas de ellas son mejores para minimizar el impacto en los hogares de bajos ingresos. El mantra tan al uso de la transición justa resulta vacuo, ñoño, buenista e insuficiente —si una transición no es siquiera justa, apañados vamos—

Por lo que respecta a los líderes políticos, los Gobiernos europeos deberían aprender una lección de la experiencia de los gilets jaunes. Deben evaluar concienzudamente los efectos distributivos socialmente sostenibles de sus políticas climáticas y fiscales y adoptar medidas adecuadas para abordarlos no pensando solo en el objetivo final, sino cómo recorrer con cautela el camino hacia él

Sobre cómo asumir desde la escala empresarial y el tejido productivos, en armonía, la viabilidad de conseguir llegar a los objetivos de descarbonización del 2050, no estaría de más que la buena disposición de nuestro Gobierno para regular la composición de hombres y mujeres de los consejos de administración de las empresas, se extendiese a incorporar en ellos a representantes del trabajo —no necesariamente sindicatos—, hombres o mujeres, y así establecer de una vez la imprescindible y necesaria cogestión

José Luis de la Fuente O’Connor es exvocal de la Comisión de Expertos sobre Escenarios de la Transición Energética del Gobierno de España