Desde que me mudé a Londres hace dos años, mis conversaciones con los británicos han ido todas por el mismo camino. En cuanto digo que nací en California , me preguntan: ' ¿Y por qué demonios te has ido de allí?' . Después proceden a contarme que se mueren de ganas de hacer un road trip por California , el clásico viaje por carretera, en cuanto su nuevo trabajo/bebé/pareja/gato se lo permita. Pero esa fascinación romántica por recorrer en un descapotable la Pacific Coast Highway (la carretera de la costa del Pacífico) no es solo cosa de los británicos, ya que aparece en la lista de viajes pendientes de absolutamente todo el mundo.

Zenaida Urbano

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Nací en Los Ángeles, sí, pero me eduqué en un internado costa arriba en Monterey : una encantadora ciudad para los recién casados y los que tienen un pie en la tumba, pero poco o nada emocionante para una adolescente. Los viajes en coche con mis padres de ida y vuelta del colegio deberían haberme convertido en una experta en la clásica ruta por la costa, pero la verdad es que solo alternaba entre dos estados de ánimo: hosco y malhumorado en septiembre, cuando empezaban las clases; y eufórico cuando se acababan en junio. He tenido que marcharme del estado dorado para apreciar realmente la magia de este tramo único de costa.

Los años que pasé lidiando con las callejuelas y los inviernos sombríos de Manhattan me hicieron añorar sin duda las soleadas costas de mi estado natal, pero hasta que me mudé a Londres y me preguntaron tan a menudo por el 'Road Trip de California' no me decidí a volver a visitarlo. Mi prometido, Alexander, es británico y nunca había visto California más allá de un viaje a Disneylandia a los seis años, por lo que sería el compañero perfecto. Alquilamos un descapotable, –trillado pero esencial para vivir la experiencia completa–, y partimos.? Más abajo parecen detalladas las paradas que deberían hacerse. Dependiendo de los días de los que dispongas, se pueden agregar o quitar del camino algunas de ellas. Como se trata más bien de una guía de deseos, no hemos escatimado a la hora de incluir estancias de lujo, pero hay muchas otras opciones más económicas en cada ciudad.

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SAN FRANCISCO La ciudad pegada a la bahía es el lugar más conveniente para comenzar o finalizar tu viaje, dependiendo de la dirección en la que recorras la costa. Es la urbe más cosmopolita de California, por lo que allí hay mucho que ver y que hacer. Si no has estado nunca, te aconsejaría pasar por lo menos dos días, especialmente si degustar la cocina californiana ocupa un lugar destacado en tu lista de imprescindibles. Aunque la mayor parte del road trip está pensado para que disfrutes del sol, San Francisco es el único lugar donde seguramente te topes con algo de niebla. Dijo Mark Twain que “el invierno más frío que he pasado fue un verano en San Francisco", así que tenlo en cuenta y prepárate bien para esta parte del viaje. ALOJAMIENTO : Inn at the Presidio es uno de los Bed&Breakfast de cabecera del barrio de Presidio, justo a los pies del puente Golden Gate.   COMER: The Slanted Door es una institución en San Francisco desde 1995, pero si no vas con reserva prueba con el Out The Door, donde ofrecen las mismas delicias vietnamitas para llevar. Spruce fue nuestro lugar favorito para una noche romántica. Recomiendo la hamburguesa o si queréis el pollo frito acompañado de un vino tinto de California, y os prometo que quedaréis más que satisfechos. Acércate también a Mission Street en busca de un burrito en La Taqueria; te lo puedes comer por la calle mientras das una vuelta por el barrio, lleno de arte urbano muy guay. QUÉ HACER: da un paseo por el puerto, el Fisherman’s Wharf; toma un barco a Alcatraz; cruza andando el Golden Gate Bridge; súbete al tranvía; haz un pícnic en Presidio; una cura de compras en Fillmore Street … ¡Hay mucho que hacer en esta ciudad! RUTA : a unos 90 minutos hacia el norte está el Valle de Napa. No te olvides de hacer la foto obligada desde el Golden Gate Bridge cuando lo cruces en dirección norte: ¡una Instajoya! 

Foto: cortesía

NAPA Puedes pasarte semanas comiendo y bebiendo en este paraje idílico, pero si tu intención es seguir viaje por California, reserva al menos 36 horas si te gusta especialmente el vino. No creas que la región la disfrutan solo los expertos. Yo, por ejemplo, que soy mucho de vino, me interesa más beberlo que saber cómo se hace, y me sentí supercómoda con la gente de Napa. ALOJAMIENTO : Auberge du Soleil fue dónde reservamos para esta parte del viaje, una inversión alta pero más que amortizada con su lujoso spa, su servicio impecable y unas vistas al valle que te obligarán a empuñar el iPhone cada dos por tres para echar fotos. Si buscas una opción algo más económica, mira Carneros Resort and Spa. COMER : ¿Por dónde empiezo? No hay manera de equivocarse con la comida en Napa, pero diría que Gott’s Roadside es definitivamente 'el sitio'. Este restaurante de carretera, que abrieron los hermanos Gott en 1999, es una institución que básicamente recibe largas colas de coches con gente hambrienta que trata de abrirse paso hacia el aparcamiento. Hazme caso: la espera merece la pena. Cuando al fin llegamos, nuestros estómagos pidieron por nosotros, y salimos de allí cargados de tacos de pescado, un perrito caliente, la clásica hamburguesa del Gott, dos raciones de patatas fritas y cuatro vasos de cabernet (bebida en previsión, claro, para no tener que volver a hacer la cola…). Si lo tuyo es la carne, no dejes de cenar en Press; mi novio sentenció enseguida que había sido el MEJOR filete que había comido en su vida –gran cumplido viniendo de todo un entendido en ternera–. Solo con comer en The French Laundry de Thomas Keller ya te ha valido la pena el viaje, pero hay otro bistró más informal, el Ad Hoc, donde también te chupas los dedos. Tuvimos la suerte de pasar en Napa uno de los dos lunes al mes en los que celebran la “Ad Hoc Fried Chicken Night” (la noche del pollo frito); y solo puedo decir que en nuestro próximo viaje nos aseguraremos convenientemente de estar por allí uno de esos lunes… QUÉ HACER : es bastante obvio, pero visitar un viñedo (o cuatro) te alegra los días en Napa. Hay muchas rutas vinícolas organizadas que te acercan los mejores productores de la región, o puedes ir directamente a visitar las marcas que ya conoces o aquellas en las que te gustaría profundizar algo más. Nosotros fuimos a Joseph Phelps y The Napa Valley Reserve, y ambas fueron experiencias de excepción. ¡Y procura hacer sitio en el maletero para llevarte unas cuantas botellas! (aclaración: en nuestro caso, el viaje por Napa se basó principalmente en comer y beber, pero hay muchas otras actividades para aquellos que pasen de los viñedos). RUTA : la siguiente parada, si se da bien el día, está a unas tres horas, así que no dejes de parar en la tienda Oakville Grocery de St Helena para comprar provisiones para el camino –riquísimos sándwiches y ensaladas para llevar en el coche, así como una gran cantidad de golosinas gourmet de productores locales–. Nos gastamos 30 dólares en sus especialidades de miel, y aunque parezca una barbaridad, cuando esparcimos un poco de nuestra Miel con Sal de Mar en unos crackers con queso o añadimos un poco de Miel de Limón Meyer en el té, nos dimos cuenta de cuánto valía la pena hasta el último centavo. Acuérdate de atravesar en coche los cipreses de Carmel de camino a Big Sur y hacer una pausa con foto en el emblemático Bixby Bridge (que reconocerás porque sale en la cabecera de Big Little Lies).

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BIG SUR ALOJAMIENTO: The Post Ranch Inn es uno de los hoteles que más molan del estado. Además de estar encaramado a uno de los acantilados de Big Sur, sus habitaciones son auténticas 'casas en el árbol' con vistas incomparables al puro océano. Nos levantamos temprano y nos dimos un baño al amanecer en las piscinas al borde del precipicio, y os digo que no se me ocurre manera más maravillosa de empezar el día. El hotel, fiel a la auténtica bohemia del Big Sur, es un poco hippy pero en el buen sentido. Que no te extrañe ver a los demás huéspedes paseándose en albornoz o meditando en el Spirit Nest. Saldrás de allí con tu botella para el agua del Post Ranch Inn y paquetes de semillas de la flora californiana para recordar en casa la ‘buena vibra’ de Cali. Una alternativa menos dolorosa para el bolsillo es Glen Oaks Big Sur, un grupo de pintorescas cabañas con vistas igual de estupendas. COMER: para qué salir del Post Ranch Inn si ya cuentas con las mejores vistas del lugar. Nosotros cenamos en una de las esquinas del restaurante, mirando al mar con una copa de blanco espumoso en la mano –qué mejor manera de acabar el día–. Cuando llegues o te vayas, pásate también por el Nepenthe para comerte una hamburguesa en un entorno idílico. QUÉ HACER: estira un poco las piernas antes de volver a la carretera haciendo senderismo por Pfeiffer State Park. RUTA: hay unas tres o cuatro horas de camino (dependiendo del tráfico y de las paradas técnicas de aseo o foto) entre Big Sur y Santa Bárbara, así que reproduce tu mejor lista de Spotify y abre la capota, porque a partir de aquí la Highway 1 se pone todavía más interesante.

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SANTA BÁRBARA ALOJAMIENTO: el recién estrenado Hotel Californian es el hotel boutique más candente de Santa Bárbara. En todo el centro de la ciudad, disfrutaréis de excelentes vistas al mar rodeados de tiendas adorables y mucha vida nocturna. Belmond El Encanto, en lo alto de la colina, es otra gran alternativa, con una panorámica inabarcable de la ciudad entera. CÓMER: el asador más popular de Santa Bárbara, Lucky’s, en Montecito, es una institución por dos grandes y sencillas razones: estupenda comida y una carta de vinos excelente para entregarse a la buena vida. No puedes irte de Santa Bárbara sin probar un taco de La Super-Rica Taqueria. Julia Child le hizo una magnífica crítica en los 80, y con eso no hay nada más que saber. Siempre hay cola en la puerta, y eso es porque ofrecen la comida mexicana más rica y sabrosa de por allí, y casi todo por menos de 4 dólares. QUÉ HACER: recorre State Street, llena de ese rollo tan cool de Santa Bárbara (surferos y surferas reponiendo fuerzas tras toda una mañana de cargar con la tabla). Alquila una bici y muévete como un local pedaleando entre palmeras por el carril bici de Cabrillo. Si te apetece una visita cultural, ve al Museo de Arte de Santa Bárbara y no te pierdas el mural de David Alfaro Siqueiros de la entrada y las colecciones de inspiración californiana. RUTA: L.A. está a una hora y cuarto en coche de Santa Bárbara, pero si te sobra algún día siempre puedes pasar una noche en Ojai, en el Ojai Valley Inn and Spa; o dedicar algo de tiempo a explorar Malibú (hogar del nuevo Nobu y del Soho House, además de otros restaurantes estupendos, o ir a las tiendas del Malibu Country Mart)

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LOS ÁNGELES ALOJAMIENTO: me inclino por el Beverly Hills Hotel, sobre todo por el Fountain Coffee Room, un restaurante estilo años 50 donde te sientas en la barra y sirven al primero que llega. En cuanto a la ensalada McCarthy del Polo Lounge, todavía sigo soñando con ella e intentando recrearla sin éxito. Si te apetece más un hotel junto al mar, quédate en el Shutters On The Beach o The Oceana, ambos en Santa Mónica y a un paso de la playa. COMER: Gjelina, en Venice, para la hora de comer, debería ser lugar obligado para cualquiera porque, sencillamente, todo está delicioso. En Santa Mónica, ve al Capo para cenar con tu pareja; Bay Cities deli, si quieres probar los mejores sándwiches de la ciudad; y La Scala Presto, en San Vicente, por su famosa ensalada picada (pregunta a cualquiera que viva allí si está buena; todos estarán de acuerdo). Si te va el sushi, están Nozawa, Sushi Park, Mori Sushi, Sushi Sasabune… las opciones para comer sushi son interminables y todas igual de ricas. QUÉ HACER: el Museo Getty es punto de partida obligado, pero no dejes de ir a la Villa Getty en Malibú. Originalmente se trataba de un museo privado adyacente a la residencia de J. Paul Getty y hoy exhibe al público 44.000 piezas antiguas griegas, romanas y etruscas –aunque solo la villa con sus suntuosos jardines ya merecen la visita–. Pasea por el muelle de Santa Mónica y curiosea en la tiendas del Abbot Kinney Boulevard de Venice. Si tienes tiempo, acércate a Hollywood Hills a caminar por Runyon Canyon e intentar sacarte el selfie perfecto frente al famoso letrero. RUTA: si acabas aquí el viaje y te queda poco para el aeropuerto, no dejes de planificar en tus horas prevuelo una visita al In-N-Out Burger para comerte la hamburguesa más típica de California. Pide un plato de patatas fritas y di que te las pongan “animal style” (tú confía en mí). Si te queda algún día más en tu itinerario californiano, puedes dedicarte a conocer San Diego, Palm Springs o Parque Nacional Joshua Tree. Y ya que compartes el español… ¡México está al lado! 

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