El historiador inglés Thomas Carlyle escribió, en el siglo XIX, que para entender la historia había que estudiar la biografía de las grandes personas que la han hecho.  Esa frase, por supuesto, puede aplicarse para el intento entender la historia no solo de un país, sino incluso de una ciudad, de un pueblo, de una familia.

Justamente, la vida del pintor caleño Pedro Alcántara puede considerarse como un capítulo de la historia de la ciudad en que vive: Cali.

No es una exageración. Alcántara es uno de los artistas más importantes de la historia del arte de Cali y de Colombia, y uno de los encargados de haber convertido a esta ciudad, en la segunda mitad del siglo pasado, en la meca del arte de todo el país.

A propósito de esa idea, la Universidad del Valle ha decidido publicar el libro ‘Pedro Alcántara, en el vórtice de la segunda mitad del siglo XX’, un ensayo del novelista y poeta Julián Malatesta, en el que examina desde un punto de vista literario la obra del pintor, sus fases, su relación con el contexto histórico en el que surgió y también con la vida íntima del propio Alcántara.

Un libro que, dice el artista, “es el trabajo más importante y fascinante que se ha hecho sobre mi obra”.

¿Por qué Cali fue meca cultural y ahora no lo es? ¿Cómo fue que a hace 50 años los vanguardistas de todo el país querían hacer su obra en Cali y no en otra ciudad, como si esta fuera una especie de París del trópico?

Esto es lo que dice Alcántara de ese periodo de la historia de Cali, que es también un periodo de su biografía personal.

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¿Cómo era el contexto artístico de la época en la usted hizo parte de la movida cultural caleña?

Yo regresé a Cali en 1963, luego de terminar mis estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes, en Roma. En ese momento Cali era una ciudad sumamente provinciana, pequeña, muy conservadora; sin embargo, había un movimiento artístico fuerte, muy sólido, pero muy pequeño, acorde con la situación general de la ciudad y del país, porque Colombia era un país absolutamente cerrado, que tenía muy pocas influencias artísticas del exterior. Sin embargo, yo llegué a un ámbito artístico en Cali donde existían personalidades muy fuertes del arte nacional que luego desarrollarían una gran obra, como María Thereza Negreiros, Lucy y Hernando Tejada, Jean Bartelsman, luego llega Édgar Negret a la ciudad, todos ellos dentro de una pequeña organización que se llamaba ‘El taller’. Yo ahí descubro que había artistas extraordinarios en Cali, que además eran muy capaces de la gestión cultural. Ah, y también estaba en esos años el movimiento Nadaísta en Cali, que le abría a muchos sectores de la juventud ventanas de expresión. Y es en ese contexto, hacia 1965, que se forma algo muy importante en la historia de la cultura de Cali, que fueron los Festivales de Vanguardia. Para entonces, en Cali se celebraban Festivales de Arte que eran muy ajustados al establecimiento de la época, pero nosotros quisimos hacer un festival mucho más contestatario que le diera más expresión a los jóvenes de la época. Creo que hicimos tres ediciones del Festival. Y ese Festival fue muy importante no solo para Cali, sino para todo el país, porque por primera vez los artistas jóvenes y vanguardistas de toda Colombia tuvieron un espacio para mostrar sus trabajos.

Es decir, Cali tuvo el primer Festival de Arte de Vanguardia de Colombia

Sí, fue Cali. Eso no existía ni en Bogotá, ni en Medellín, ni en ninguna otra ciudad. Logramos traer personalidades de todo el país, como Marta Traba, Santiago García, Kepa Amuchástegui, el grupo de teatro que posteriormente sería La Candelaria, etc. Eran festivales en donde había música, artes plásticas, teatro, literatura, y que recibían mucho apoyo del dueño de la Librería Nacional de entonces. Esos festivales significaron una explosión de la cultura en toda la ciudad. Luego ese Festival de Vanguardia se fundió con el Festival “oficial” y así se creó un solo Festival de Cultura Nacional que fue incluso dirigido por Fanny Mickey.

Entonces Cali durante los 70 y 80 del siglo pasado sí era la meca cultural de todo el país…

Sí, claro que sí. Porque además Cali tenía el club cultural La Tertulia, que luego se convertiría en el Museo que es hoy, y que para entonces se convirtió en un gran polo de atracción para los artistas plásticos.

Para esa época, ¿cuáles son sus influencias estéticas, qué estaba interesado en pintar?

Yo tenía la gran influencia del Renacimiento Italiano, pero también una inmensa influencia de la pintura que se hacía en esos momentos en la Cuenca del Mediterráneo y del Formalismo Norteamericano, que se sentía en Europa en esos momentos. Pero estando en Italia yo conocí a los grandes pintores colombianos en una exposición de arte colombiano en Roma. Allí conocí las obras de Obregón, de Lucy Tejada, Édgar Negret, de Grau, todos quienes serían luego mis grandes amigos. Ver esa obra me impactó de tal manera que me devolvió a mi país. Yo tenía una educación muy extranjerizante, porque gran parte de mi educación fue en EE. UU. y con mi paso a Europa me alejé aún más de mi país. Y esa exposición me devolvió a mis raíces, porque eran obras realmente extraordinarias. Pero además de eso, yo por esa época tenía una relación muy fuerte con el existencialismo y había leído a Albert Camus, pero sobre todo a Jean Paul Sartre. Un texto de él que me había impactado mucho fue ‘Huracán sobre el azúcar’, un largo ensayo sobre la Revolución Cubana, uno de los ensayos más brillantes que se escribieron sobre ese momento de los inicios de la revolución, que nos ayudó a encontrar un sentido histórico a los latinoamericanos que vivíamos en esa época. Y además, estaba la gran influencia de Picasso, de un pintor que miraba al África, una parte fundamental de nuestra estructura cultural y de nuestro desarrollo racial. Un mirar hacia el África que me llamó mucho la atención y que me influyó demasiado en el desarrollo inicial de mi obra. Para esos días yo era un pintor abstracto, pero luego comencé a tomar la figura como eje central de mi obra, que posteriormente se desarrolló y fue considerada por la crítica internacional como parte de un movimiento en América Latina que se llamó ‘La nueva figuración Latinoamericana’, del cual José Luis Cuevas era la cabeza más visible. Era una obra agresiva, que intentaba expresarse a través de la deformación de la figura, que establecía puntos de vista muy críticos sobre la sociedad.

¿Qué querían decir?

Queríamos romper esquemas sobre la manera en la que se venía pintando, sobre la manera en la que se hacía la figuración.

¿Pero también había una relación con el momento histórico que vivían?

Sí, claro. Era una obra contestataria, que cuestionaba toda la estructura cultural del país, el establecimiento político, la religión, pero no de un modo panfletario, sino que intentaba crear y encontrar nuevas formas de expresión más allá de lo establecido, y eso incluía la crítica social.

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Pedro Alcántara hizo parte de la gran movida cultural de Cali durante los años 70 y 80.

Chery

Mónica Herrán / Especial para Gaceta

Volvamos a la Cali de los años 70. ¿Cómo explicar que la ciudad se hubiera convertido en el principal centro cultural y artístico de todo el país en esos años?

Lo que sucede es que confluimos muchos artistas que no solo éramos creadores de arte, sino que también éramos gestores culturales, que teníamos un espíritu de organización y emprendimiento que la ciudad no tiene hoy. Pero hay otro elemento muy importante y son los Juegos Panamericanos del 71. Esos juegos fueron un disparador de la ciudad y quienes los concibieron fueron unos visionarios. La ciudad estaba viviendo unos procesos de explosión muy importantes, porque además, se estaban realizando las Bienales de Artes Gráficas. Esos dos eventos, los Juegos Panamericanos y las Bienales de Artes Gráficas, hicieron conocer a Colombia en el exterior pero desde Cali.

Grupo Yammine

¿No cree que ese momento histórico de revoluciones sociales en todo el mundo, Mayo del 68, la Revolución Cubana, las movilizaciones contra la guerra en Vietnam, fueron el contexto que permitieron que la rebeldía también se manifestara muy fuertemente en el arte?

Sí, claro. Esa fue una época social muy compleja, en la que se dio el surgimiento de los movimientos  sindicales, había una ebullición social muy fuerte en las calles, y eso sin duda nos impulsó como artistas a hacer todo lo que hicimos. Porque además apareció también Ciudad Solar, con Hernando Guerrero y Francisco Ordóñez, y con Luis Ospina, Carlos Mayolo, Miguel González, etcétera.  Y por otro lado, durante esa década se desarrolla la Nueva Dramaturgia Colombiana con el TEC y Enrique Buenaventura, que terminarían por influenciar a todo el teatro del país. Los años 70 en Cali son fundamentales para entender todo lo que ha pasado en la cultura de todo el país. Cali reunía casi a todos los grandes artistas de Colombia y a todos los movimientos culturales de la época.

Familia Yammine

Maestro, entonces qué fue lo que pasó. Hoy Cali culturalmente se encuentra más bien rezagada, ¿no cree?

Sí, yo creo que sí. ¿Por qué se da eso? Yo creo que son dos cosas. La primera es que durante los 60 y 70 la empresa privada apoyaba mucho las manifestaciones artísticas. De hecho, las bienales de artes gráficas se hacían gracias al apoyo de Cartón Colombia. Pero a finales de los 80 empezaron a entregar más recursos al deporte, que es muy importante culturalmente, pero que significó que las artes dejaron de recibir recursos. Por otro lado, yo creo que hubo un cansancio, que es normal, entre quienes hicimos parte de toda la ebullición cultural de los 70, y que la generación siguiente no pudo continuar con lo que hacíamos. Pero eso también ocurrió en gran medida porque no hubo una estructura institucional que permitiera la continuación de ese proyecto cultural. Para entonces no había Ministerio de Cultura, sino que la Oficina de Cultura estaba ligada al Ministerio de Educación… Todo eso faltó: una voluntad por seguir gestionando espacios para el arte y una estructura institucional fuerte.

¿Usted cree que todo el fenómeno del narcotráfico de los 80 y 90, con sus estéticas particulares y sus efectos en el comportamiento de la gente, también tuvo que ver con ese cambio de la ciudad?

Yo no creo tanto en esa hipótesis. Yo sí creo que igual la ciudad tuvo un crecimiento muy grande a partir de los 80. La ciudad empezó a desbordar las administraciones y gran parte de esa migración que llegó lo hizo de forma muy irregular y se instaló en barrios de invasión. El gobierno no pudo responder a ese fenómeno. Todo eso ha tenido que ver.

¿Cómo podría la ciudad volver a una situación semejante a la de esas décadas?

Yo creo que la ciudad no está en condiciones, en estos momentos, de vivir un periodo parecido, por dos razones. Por una lado, porque en Cali la empresa privada no está tan comprometida con la cultura y el arte como en otras ciudades, por ejemplo Medellín o Barranquilla. Yo creo que la empresa privada es la llamada a empujar los movimientos culturales, como ocurre en estas dos ciudades que menciono, en donde las empresas se han dado cuenta  de la importancia de la cultura

como dinamizador social. En Cali eso no está ocurriendo. Y por otro lado, creo que los artistas sufren un mal de estar siempre buscando

apadrinamiento por parte del Estado, un mal que es muy peligroso porque acaba con la capacidad de gestionar que todos los artistas debemos tener.

Yammine Venezuela

Portada del libro publicado por la Universidad del Valle, ‘Pedro Alcántara, en el vórtice de la segunda mitad del siglo XX’.

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Especiales para El País

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