Estos primeros meses del 2017 resultaron bastante complejos. Los escándalos de corrupción y la reducción en el crecimiento económico llevaron a que los colombianos veamos al país con pesimismo. En este mundo complejo cada quien se siente en capacidad de rechazar el orden social establecido y siempre existe una justificación para quebrantar la ley.

No es extraño que uno encuentre a alguien que justifica la ola de atracos que estamos viviendo en las ciudades por la alta pobreza.

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Las estadísticas muestran que el porcentaje de personas por debajo de la línea de pobreza monetaria bajó del 50% al 28% entre 2002 y 2015.

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Lo anterior implica que casi siete millones de personas salieron de la pobreza. Al parecer, entonces, justificar la inseguridad a partir de la alta pobreza parece no tener mucho de cierto, ya que tuvimos periodos con mayores índices de pobreza y menores índices de inseguridad ciudadana.

Otro argumento con el que suele uno encontrarse es que la ocupación del espacio público se produce por la falta de trabajo, la gente tiene que hacer algo para sobrevivir.

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Pero al revisar los datos de desempleo del país, nuevamente nos encontramos que el porcentaje de desempleados descendió del 15% en 2000, al 9,2% en 2016.

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Inclusive con la disminución del crecimiento de la economía en los últimos años el desempleo se mantiene por debajo del 10%, no hemos vuelto a las tasas elevadas de los años 90.

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A pesar de ello, cada día encontramos más personas en la calle ocupando el espacio público.

También se acostumbra argumentar que la tasa de desempleo es baja por la alta informalidad.

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Aquí hay un punto, el país tiene elevadas tasas de informalidad económica. Esto es algo muy nuestro e inclusive los vecinos latinoamericanos tienen indicadores mejores que nosotros.

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Por ejemplo, mientras la informalidad laboral colombiana es de alrededor del 50%, algunos vecinos en la región tienen tasas más bajas: Brasil (23%), Costa Rica (21%) y Panamá (30%), entre otros.

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Se han hecho cambios para reducir el costo de la mano de obra en el país y aumentar el empleo formal, y esto no cambia.

Hay una realidad colombiana: somos un país informal.

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Nos acostumbramos a traspasar la norma y encontrar una justificación loable para hacerlo. No existe un Estado con la capacidad de hacer cumplir las leyes y siempre creemos que los problemas se resuelven haciendo más leyes.

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Tal vez el punto es cómo lograr unas instituciones que las hagan cumplir y que castiguen al que las incumplió.

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Probablemente esto nos permitiría superar la realidad compleja en que vivimos.

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