¿Qué tiene que ver la justicia tributaria con el tiempo que invierten las mujeres en las tareas de cuidado? ¿Cuál es la relación entre la “paz social” a la que aluden las empresas de aviación en sus discusiones paritarias en Argentina con la experiencia de “desmonetarización” del colectivo Fora do Eixo en Brasil? ¿Cuánto dialogan la demanda por la autonomía del cuerpo y las decisiones de las mujeres y las personas trans con la feminización de la pobreza? El primer punto de articulación de todos estos temas es una categoría invisible por ya conquistada aunque no siempre es la que se pone de relieve: mujeres políticas. Mujeres políticas de izquierda y del campo popular de once países de América Latina que se reúnen desde el miércoles pasado -y hasta mañana sábado- en Santa Cruz de la Sierra mientras el continente cruje con el avance de la derecha que pisa el territorio con golpes que se llaman blandos porque no usan las armas sino las herramientas jurídicas en muchos casos y las del marketing para ganar elecciones enmascarando las políticas que después se imponen. Y el segundo nudo donde las líneas se enredan deriva del primero: es la intención de estas mujeres parlamentarias y líderes de movimientos sociales de no quedarse atrapadas en la agenda liberal de las mujeres que lee nuestros cuerpos como sujetos de asistenciales y disputar los sentidos feministas en su intersección con los temas considerados “duros”: qué economía queremos, qué modelo de Estado buscamos, cómo aseguramos la autonomía a la vez que ponemos en común recursos que empoderen las economías solidarias y populares sin que sean consideradas como emprendimientos de pobres para pobres.

© Tomás Elías González

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Cómo sería vivir bien, en definitiva. O, como dijo la boliviana Teresa Morales -ex ministra de desarrollo Productivo de Bolivia-: “Saltar la agenda liberal para buscar la despatriarcalización de nuestras sociedades y nuestros Estados”, algo que, insistió, va en paralelo con prácticas y políticas anticapitalistas y descoloniales.

Visibilizar y cuantificar las economías de cuidado, “abrir las cajas negras de la economía” -según la venezolana María Claudia Rossell- para entender cómo es que “despues de años de revolución bolivariana el sector que más se ha fortalecido sea la banca y el más empobrecido sea el de las mujeres que son justamente las que sostienen la lucha en los barrios y las calles”, ya dejar de hablar de presupuestos “etiquetados”, que desagregan lo que se aporta a políticas de género pero no revisa la justicia o la injusticia tributaria, como expuso la vicepresidenta de Asamblea General de Ecuador, Rosana Alvarado Carrión y cruzar la falta de autonomía que implica la negación del derecho a un aborto libre, seguro y gratuito con la falta de reconocimiento y reparación a las poblaciones históricamente violentadas y marginadas como los pueblos originarios, afrodescendientes, personas trans.

El foro Movimenta terminará mañana, la intención de generar un documento que puedan firmar e impulsar todas las que participan trabajando en red tanto en la calle -regionalizando las movilizaciones #NiUnaMenos #VivasNosQueremos, por ejemplo- como en los parlamentos está firme como firme está una vocación de poder de las corrientes feministas que aquí convergen y que no buscan solo políticas públicas sino que sueñan, nada menos, que con cambiar el mundo.

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