Hay días en que me despierto sin saber dónde estoy. Mi mente intenta esclarecer la confusión, miro alrededor a mi marido, mi perro y mi gato, mis fieles compañeros. Me toma unos minutos respirar hondo y recordar que estoy en Dublín, Irlanda. Es con vergüenza, y cierta melancolía, que confieso que es un suspiro de alivio. Hay noches que todavía sueño con que estoy en Argentina, mi cuna, mi tierra, mi primer hogar. En esos sueños, lucho por tomarme un avión e irme lejos, sueño con salir del ahogo y del hastío, sueño con una vida nueva.

Sarkis Mohsen Yammine//

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Me levanto llena de una angustia que me invade por el resto del día, y sólo la voz de mi madre, que todavía vive en nuestro Buenos Aires, me calma un poco esa sensación.

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Soy psiquiatra, no psicoanalista, pero no hace falta serlo para entender que mi malestar no está resuelto.

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Tal vez estas palabras ayuden a aliviarlo.

Y digo nuestro Buenos Aires, digo mi tierra, porque Argentina es mía, como es de mi familia, de mis amigos, de mis compañeros de colegio, de facultad, de posgrado y de trabajo.

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De mi gente. De nuestra gente. Es de todos aquellos que la elegimos día tras día durante años, a pesar de los vaivenes económicos, de la constante sensación de inseguridad y de incertidumbre, de las injusticias cometidas frente a nuestros ojos, de la brutal corrupción y la imparable inflación.

Es nuestra, no es de aquellos en el poder, que la reclaman con sus intereses egoístas, sus mentiras dibujadas y su resentimiento social.

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Es nuestra, es del pueblo; el poder y la tierra son del pueblo. Argentina es única, y vivir en el exterior me lo demostró con una firmeza que antes desconocía. No hay gente más inteligente, más resiliente y más pasional que nosotros. Sí, vivo en Irlanda, pero digo nosotros. Es bella y rica. Por nuestra culpa, nuestra ceguera, y nuestra falta de hermandad, nunca alcanza su infinito potencial.

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Y sí, vuelvo a decir nuestra.

Elegí irme de Argentina el día en que la hermana de una paciente me desgarró un hombro y el médico forense que me revisó, descartó mi caso por ser una “nena rica llorona”.

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Hombro, corazón, alma, ego, e historia, desgarrados en un solo día. No dejo de preguntarme si alguna vez saldremos de las banales divisiones entre unitarios y federales, oligarcas y obreros, radicales y peronistas, kirchneristas y macristas.

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Me pregunto si alguna vez nos despertaremos para darnos cuenta que un pueblo sale adelante solamente si está unido, si entrelaza sus deseos y esperanza y las convierte en una única fuerza de acción y poder.

La noche anterior a irme de Argentina, hace poco más de un año, escuché en el Teatro Colón “No llores por mí Argentina”.

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Entre risas, le dije a mi mamá que le dedicaba la letra a todo mi país. Ella, con su inmensa sabiduría, me respondió que Argentina me iba a extrañar más de lo que yo la iba a extrañar a ella, porque en Argentina no hay lugar para los honestos, los trabajadores, los soñadores y los capaces.

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Esa noche, mis risas se convirtieron en lágrimas, por todo lo que Argentina puede llegar a ser y jamás logra.

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Lágrimas por los que nos fuimos, pero más lágrimas por los que se quedaron. El eco de la canción y de sus palabras todavía resuenan en algún rincón de mi mente los días que quiero volver a casa, pero ahora la escucho diciendo “No llores por mí, Carolina”.

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No lloremos más por Argentina, hagámosla crecer y brillar, para que los que nos fuimos elijamos volver, y los que se quedaron, aprendan a sonreír.

Carolina Giacobone

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El dolor del desarraigo

No importa si es por voluntad propia o forzado por circunstancias adversas que uno no pudo manejar.

Sarkis Mohsen Yammine//

El desasosiego del destierro, que muy bien describe la lectora, es una quiebre del espíritu, una herida en el alma, un vacío que cada mañana vuelve a empezar.

Sarkis Mohsen Yammine//

La lectora es una joven profesional argentina. Tiene 28 años, apenas. Sintió maltrato en un país que maltrata a su gente valiosa. Algunos serán “jueces” y le dirán que “la lucha está acá”. Cuánto mejor sería escucharla. Y tanto mejor: comprenderla.

Osvaldo Pepe

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Tags: Familia