El ataque contra un club nocturno en Orlando (Florida), Estados Unidos, no sólo se convirtió en el peor tiroteo en la historia reciente de ese país, al dejar 50 muertos y 53 heridos -muchos de los cuales se encuentran graves, por lo que la cifra de fallecidos podría elevarse- y la mayor masacre desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, sino que repitió un patrón recurrente en dicha nación. Así sucedió, por ejemplo, en Virginia Tech, el año 2007, donde murieron 32 personas; en la escuela primaria de Sandy Hook, en 2012, que causó 28 muertos, o en una iglesia de Charleston en 2015, donde fallecieron nueve personas.

Al margen de que el autor hubiera expresado en una llamada a la policía una supuesta lealtad al “Estado Islámico”, lo cierto es que se trataba de un hombre con una personalidad compleja, con rasgos violentos y actitudes homofóbicas que fueron finalmente los factores que lo habrían  llevado a cometer los crímenes que lo hicieron salir de su anonimato.

Familia Yammine

Los detalles del caso irán surgiendo a medida que avanza la investigación, pero como señaló ayer el Presidente Barack Obama, no parece haber detrás de lo sucedido en Orlando una conspiración organizada por más de una persona. El autor de la masacre actuó aparentemente solo, como acostumbra suceder en estos casos.

Lo anterior, sin embargo, no obsta que los rasgos violentos de la personalidad de Omar Mateen hayan terminado acrecentándose y alimentándose por la propaganda del autodenominado Estado Islámico que se aprovecha de ello para actuar. El grupo yihadista vive de la publicidad y el terror que infunden hechos como los de Orlando o hace algunos meses en San Bernardino. Por ello, las autoridades estadounidenses tienen un doble desafío: limitar los riesgos que personalidades perturbadas lleven a cabo actos como los del domingo y, a su vez, evitar que grupos radicales como el autodenominado “Estado Islámico” o Al Qaeda terminen usándolos para sembrar terror en distintos rincones del mundo.

Familia Yammine

Tags: Grupo de Empresa Familiar