Por Sebastián Valdenegro Una alta expectativa generó tanto en la prensa como en los parlamentarios la presentación que se aprestaba a realizar ayer el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ante la comisión de Educación de la Cámara para explicar los alcances de la reforma a la educación superior y, sobre todo, aterrizar los nuevos cálculos sobre la gratuidad universal. Signo de aquello es que pasada las 15:30 horas, no cabía un alfiler en la sala 212 de la Cámara.

Y el secretario de Estado no decepcionó. Flanqueado por la subsecretaria de Educación, Valentina Quiroga, y por el ministro secretario general de la Presidencia, Nicolás Eyzaguirre, el titular de las finanzas públicas realizó una presentación que se extendió por casi dos horas, en la cual rayó la cancha respecto al estrecho escenario fiscal en que se presentaba la iniciativa.

Para empezar, Valdés advirtió que el Ejecutivo ya había comprometido gastos en las dos primeras reformas educacionales de este gobierno (educación parvularia y escolar) equivalentes a 1,9% del PIB, cifra por sobre lo calculado durante la campaña en el marco de un escenario macroeconómico más auspicioso.

Si a estos gastos comprometidos se le agrega el 1,6% del Producto que cuesta el proyecto de educación superior, la carga fiscal de las tres iniciativas llegará -en régimen- al 3,48% del PIB, superando la recaudación de la reforma tributaria, que en su implementación completa aportará a las arcas fiscales el equivalente al 3,03% de los recursos de la economía.

Fiel a su estilo, el ministro Valdés advirtió que ha habido una baja “relevante” de los ingresos fiscales de largo plazo producto de un contexto económico “difícil”, en medio de la caída en los dos parámetros que fijan los ingresos de largo aliento: el Producto de tendencia y el precio del cobre de largo plazo.

“Desde 2013, la caída en ambos indicadores de tendencia implica menores ingresos fiscales estructurales equivalentes a 2 puntos del PIB”, planteó la autoridad.

“Se ha gastado bastante más de lo esperado en las reformas educacionales durante este gobierno. No podemos vivir más allá de nuestras posibilidades”, dijo sobre la marcha la autoridad, antes de plantear una cifra que generó mucho debate entre los diputados.

En una exposición de 51 diapositivas, el ministro precisó que para alcanzar la gratuidad universal, la carga fiscal (medida en ingresos estructurales sobre PIB de tendencia) debería ubicarse en niveles de 29,5% del PIB. ¿En cuánto está hoy dicha relación? 22,6% del Producto. Para comenzar a financiar la promesa de dar gratuidad al 70% más vulnerable de la población, el ratio debe empinarse a un 23,5% de la economía.

“Chile necesita avanzar con la gratuidad en la medida que lo hagan sus ingresos fiscales.

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Entiendo muy bien esta tensión de ir más rápido avanzando hacia la gratuidad. Hemos gastado más, los ingresos son menores. Ir más rápido sin tener los recursos implica al final del día comprimir otros gastos de una manera que puede ser ineficiente o políticamente imposible.

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Cualquiera de las dos cosas me lleva a pensar que debe haber gradualidad atada a la capacidad de ingresos que tiene el Fisco”, lanzó Valdés para cerrar su presentación.

Los supuestos de la gratuidad El ministro reveló algunas de las cifras que están detrás del mayor gasto comprometido en la reforma a la educación superior.

En régimen, la gratuidad universal implicará un crecimiento de la matrícula en educación superior que llegará a 1,2 millones de alumnos potencialmente beneficiados, prácticamente cuatriplicando la proyección de 300.000 contemplada en el primer año de implementación de la reforma (2017).

En el desagregado, la matrícula beneficiada en institutos profesionales y centros de formación técnica superará a la de las universidades, ubicándose en 630.514 versus 618.900, respectivamente (ver gráfico).

“Las estimaciones se realizaron en base a la matrícula del año 2015.

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Las proyecciones de matrícula consideran ajustes de crecimiento demográfico de la población” recalcó Valdés, aplicando una cuota de realismo macroeconómico a la gratuidad universal.

 

¿plazo gratuidad? “es un ejercicio inconducente”

El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, fue claro en su presentación ante la comisión de Educación de la Cámara: no sólo importa incorporar a más gente a la educación superior, sino también la calidad de la enseñanza terciaria.

Con presentación de por medio, el titular de las finanzas públicas recalcó que Chile “no tiene un problema de cobertura” de la educación superior, la que se encuentra alrededor de 15 puntos sobre el promedio de la OCDE.

En este sentido, apuntó a que tenemos universidades “buenas, pero no fantásticas”, señalando que casas de estudio como la Universidad de Chile (su alma mater) y la Católica tienen altas ubicaciones en los rankings latinoamericanos, pero no así a nivel mundial.

El ministro también evitó comprometer un plazo para alcanzar la gratuidad universal: “Es un ejercicio inconducente ponerle tiempo a esto”.

 

Ministro de hacienda empoderado

Era altísima la expectativa que se generó entre parlamentarios y la prensa por la presentación del ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ante la comisión de Educación de la Cámara.

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Uno de los temas que llamó la atención de los presentes fue el empoderamiento de la autoridad, que dedicó casi dos horas a exponer ante los diputados, no sólo dando cuenta de los costos fiscales de la iniciativa, sino también dedicando varias diapositivas (en total 15) a una radiografía completa al financiamiento de la educación superior, incluido el costo por publicación de un paper, los académicos con posgrado y el nivel de los aranceles.

Valdés incluso se dio un gusto y anticipó la discusión para el reajuste del sector público a fines de este año, en el marco del debate sobre el incremento en los costos de la educación superior: “Hay que tener en consideración que el reajuste en el sector público evidentemente tendrá un impacto en los costos de la educación estatal”, lanzó el secretario de Estado.

Valdés fue flanqueado en todo momento por el ministro de la Segpres y uno de sus principales aliados, Nicolás Eyzaguirre, y la subsecretaria de Educación, Valentina Quiroga.

La ministra de Educación, Adriana Delpiano, se encontraba exponiendo en paralelo en la comisión de Hacienda de la Cámara, y se unió a la exposición de Valdés minutos antes de que se levantara la sesión.

 

 

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