Armando Segura esperó con ansia el día en que pudiera retirarse y fue lo primero que hizo al cumplir 62 años, edad mínima para obtener este privilegio. Cuenta que al principio fue un alivio, pero después de un tiempo se aburrió y decidió volver a trabajar. “Me di cuenta de que necesitaba seguir en contacto con mi profesión. Por eso continué dictando clases por horas y hago consultorías”, dijo a SEMANA este profesor universitario de 72 años.

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Segura hace bien, pues recientes estudios señalan que si una persona permanece activa en la tercera edad, es más factible que goce de mejor salud.

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La principal ventaja de hacerlo es cuidar el cerebro, pues este órgano se debe ejercitar como un músculo para evitar que se deteriore.

Pero esta noción va en contravía de lo que muchos piensan.

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La mayoría aspira a jubilarse porque considera que no hacer nada relacionado con el trabajo es el justo premio a tantos años de esfuerzo y dedicación.

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Pero se ha observado que hay “una disminución impresionante en el rendimiento cognitivo que va de la mano con la jubilación porque cuando dejamos de participar en tareas complejas, el cerebro se empieza a dañar”, señala Dawn C.

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Carr, investigadora de ciencias sociales asociada con el Centro de la Longevidad de Stanford, Estados Unidos.

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Según la más reciente Encuesta de Salud, Vejez y Jubilación hecha en Europa, este deterioro se presenta en el largo plazo y el impacto real en la salud mental de los jubilados se evidencia en síntomas como pérdida de apetito, disminución del nivel de concentración, fatiga y depresión crónica.

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En un foro sobre alzhéimer realizado en la Clínica Mayo en Miami, los especialistas invitados señalaron que para evitar el deterioro cognoscitivo lo principal es seguir usando el cerebro en labores que exijan pensamiento complejo.

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La evidencia científica muestra que seguir trabajando genera un beneficio emocional debido a las relaciones sociales.

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En un estudio, Eleonora Patacchini, de la Universidad de Cornell, y Gary Engelhardt, de la Universidad de Siracusa, en Estados Unidos, observaron que quienes siguen ocupados después de pensionarse aumentan el número de vínculos familiares y de amigos hasta 25 por ciento en comparación con los que se jubilan y se aíslan.

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Así lo comprobaron tras analizar una base de datos de 1.300 personas de entre 57 y 85 años y evaluar factores como el estado civil, la edad, el estado de salud y el nivel de ingresos.

Además, los científicos han observado que trabajar en esta etapa de la vida ofrece una rutina y un estímulo para levantarse todos los días porque “sentirse útil y productivo genera bienestar físico, mental y emocional a cualquier edad y grandes beneficios en salud”, dijo a SEMANA Robinson Cuadros, médico geriatra y presidente de la Asociación Colombiana de Gerontología y Geriatría (ACGG).

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