El año era 1986. Nintendo dominaba el mercado japonés con su impresionante consola Famicom , pero los límites técnicos de los cartuchos en aquella época llevaron a la creación del módulo Family Computer Disk System , basado en una variante propietaria de los discos floppy. Además de guardar más datos, grabar partidas y ofrecer mejor audio, los discos tenían otra ventaja: Eran mucho más económicos. Nintendo trató de aprovechar este factor con su Disk Writer , una plataforma que permitía a los jugadores acceder a nuevos títulos pagando una fracción del costo.

¿Sabías que la versión original de The Legend of Zelda no estaba disponible como cartucho? En realidad, fue uno de los títulos de lanzamiento para el Family Computer Disk System , famoso módulo secundario compatible con la consola Famicom . Dicho módulo habilitaba el uso de Disk Cards , con una capacidad total de 112 kilobytes por unidad. Si tenemos en cuenta las limitaciones y el alto costo de las soluciones de estado sólido a mediados de los ’80, el Family Computer Disk System parecía ser el recurso ideal.

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Un clásico: La consola Famicom con el sistema FDS conectado Por supuesto, había grandes dudas sobre el uso de un medio magnético, y la palabra clave era «piratería». A principios de aquella década, la piratería de juegos y software en ordenadores a través del territorio japonés estaba fuera de control. Los servicios de alquiler no utilizaban copias originales, sino que se encargaban de crear los bootlegs y crackear los sistemas de protección. Las autoridades respondieron con dureza: Prohibieron el alquiler de videojuegos , salvo que el creador de cada título lo autorice. Entonces, el FDS y sus Disk Cards podían bajar el costo de los juegos, pero alquilarlos no era una opción. Así nació Disk Writer .

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Disk Writer: Copias legales de Famicom por 500 yenes

Publicidad A simple vista, el Disk Writer era una especie de máquina expendedora, pero el usuario no interactuaba con ella. Lo que hacía era entregar su Disk Card al vendedor que lo introducía en el Disk Writer y escribía el juego deseado por la suma de 500 yenes . Si el usuario no poseía ningún disco, podía comprar uno en blanco por 2.000 yenes. En el mejor de los casos, eran 500 yenes contra 5.000 de un cartucho nuevo , y no había límites en el uso del Disk Writer.

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Una de las pocas unidades que deben quedar intactas

Recambio del juegos al 10 por ciento del precio de un cartucho… difícil resistirse

Otro aspecto revolucionario del Disk Writer era Disk Fax , que en esencia servía como leaderboard a nivel nacional. Los jugadores usaban «versiones azules» de sus Disk Cards, e introducían sus puntajes más altos en el Disk Fax, para luego ser enviados a Nintendo vía fax. El gigante nipón organizó varias competencias, y entregó premios a los mejores jugadores.

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El llamado Disk Fax en acción Sin embargo, la popularidad de Disk Writer sólo se extendió hasta 1993. Problemas mecánicos y de durabilidad tanto en el Family Computer Disk System como en sus Disk Cards, el extraordinario avance de los cartuchos que multiplicaron su capacidad y sumaron baterías para guardar partidas, el hackeo del sistema de archivos del FDS en 1988 (que hizo explotar a la piratería una vez más) , las políticas draconianas de Nintendo en relación al copyright (reclamaba el 50 por ciento de los derechos en cada juego externo para FDS, erosionando el interés en la plataforma) y el pobre margen de ganancias sellaron su destino. El Disk Writer encontró algo similar a una continuación en el cartucho Nintendo Power para Super Famicom y Game Boy, que en parte nos recuerda al Game Factory de Blockbuster … pero esa, es otra historia.

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Oct 17, 2018 Lisandro Pardo

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