IV

Al funcionar como cultivo de roza, es decir, cultivo que cada cierto tiempo debería cambiar de lugar,  el crecimiento del poblado superaba sus capacidades por la incapacidad de la tierra para la producción, entonces, siguiendo el modelo de abandonar el poblado volvía a quemar una parte propicia del bosque y dejaba in situ árboles frutales los que serían en algún tiempo, vueltos a cosechar. El método era positivo porque algunos, de crecimiento rápido, como la guayaba, en el caso de la isla de Santo Domingo, se constituyeron en árboles míticos, cementerios con dioses, que al parecer habían llegado con costumbre señalada. Sabemos que para muchos aborígenes del área Antillana  los árboles tenían vida y  eran ellos lo que, según las crónicas del período de contacto, pedían ser convertidos en dioses. El respeto a los árboles maderables, seres vivientes para alguna tribus, era común tanto por la admiración que los seres humanos de su ámbito, como por la preservación de sitios como los guayabales, lugar donde, como en el caso de la isla de Santo Domingo, moraban las hupias, opias, o almas, cuyo destino era proteger a los vivos, prevenirlos, o en una especie de espritismo inicial, hacer contacto con los vivos pera predecir su futuro a través de rituales, de los cuales, el de la cohoba, era el principal.

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El lenguaje de los tiestos    Un índice arqueológico para conocer la posibilidad del conuco como un modelo de producción es, precisamente la presencia del burén o budare. Como en otros lugares son los tiestos donde la arqueología permite relacionar los alimentos identificados en las excavaciones con la dieta. En sitios como Malambo y Rotinet, costa Caribe de Colombia, aparece el burén como un instrumento básico de tipo casero muy tempranamente. Hacia 2000 antes de Cristo las evidencias de estos lugares dan, a través de la alfarería, secuencias del uso del burén, lo que nos lleva a la más temprana fecha de la presencia de conucos, lo mismo que en Parmana, Venezuela. En la isla de Santo Domingo y en las Antillas los variados burenes hablan de las formas de casabe lo mismo que en lugares tempranos de Venezuela y las Antillas. De ello puede inducirse que se trataba de una “sociedad del conuco”, y así damos en llamarla, especializada en el conocimiento de cierta agricultura, y de  posibles características tribales, con alfarería ligada a patrones humanos  estabilizados en pequeñas o grandes aldeas, y poseedores del sistema del cultivo de tala y quema del bosque. Un cultivo que continuaron los africanos traídos por los primeros españoles como  esclavos, y permitido durante el crecimiento de la población negra, que adoptó este sembrado reconocido por sus propietarios, lo mismo que más tarde el llamado Buen Pan y Pan de Fruta, cuya dispersión por la isla, sin cuido ni arreglos, se extendió a su acomodo. Es decir  la yuca debe considerarse, conjuntamente con otros alimentos proteínicos cardinales (fauna terrestre, fluvial y marina) como uno de los alimentos esenciales, porque en todas estas sociedades desde el 2000 antes de Cristo hasta la presencia de la esclavitud, el binomio alimenticio produjo una continuidad que se expande también con el uso de agricultores. El  burén señala una elaboración del casabe como un  tipo de alimento ya sofisticado según puede notarse en la descripción que anteriormente hemos visto de parte de la química de su produccion, y si en algunos momentos como el caso de las “sociedades de la guáyiga (Zamia sp,),  recolectoras, el índice de consumo tiende a bajar su estadística de representación como las manos  de mortero, pesas de red u otros elementos. El burén mismo persiste hasta hoy como una de las formas instrumentales que nacen con la aparición selvática de las sociedades que habitaron desde el 500 antes de Cristo en Las Antillas, las que portaron con  ellas el conuco, manteniéndo como relevante  la influencia de la selva tropical y transportando a las islas el cultivo de raíces y  el conuco como instrumento ligado a la supervivencia y los cultivos llamados de “roza”, con presencia de quema y tala del bosque, los que son una herencia conucal actualmente considerada dañina para los ecosistemas de montaña en  la República Dominicana.

Alberto Ardila

El burén se incorpora al sedentarismo social, al  cultivo de raíces y la presencia del mismo con otras formas de cocción combinadas que  hablan de una sociedad antigua que se organiza en torno a la producción de subsistencia con mayores índices de supervivencia para las sociedades de la yuca, si así pueden también llamarse, las llamadas “sociedades fragmentarias y de linaje” que Terray estudia no sólo en modelos de América, sino en modelos africanos ya presentes en aquel territorio antes de que los esclavos africanos pisaran las tierras americanas.   

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Alberto Ignacio Ardila