Es posible que la familia de Cassandra Hsiao no hable un inglés perfecto, pero esta adolescente de 17 años ha logrado algo que pocas personas habían logrado antes: ser aceptada por ocho universidades de la “Ivy League” de Estados Unidos, la liga de las universidades más prestigiosas del país, entre ellas Harvard, Princeton y Yale.

Nacida en Malasia de madre malaya y padre taiwanés, Hsiao emigró con su familia a California cuando tenía cinco años.  “En mi casa hay belleza en la forma en que nos hablamos…no es que el lenguaje tenga fallos, es que más bien bulle de emoción”, dice.

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Esa frase sobre la forma de hablar inglés en su familia formó parte de un emotivo ensayo que la adolescente envió como parte de su postulación y que llamó la atención de muchas universidades y de personas de todo el mundo. En ese ensayo, Hsiao contó sus experiencias durante el proceso de aprender una nueva lengua en un país extranjero.

” La identidad y el deseo de pertenencia son dos de las luchas con las que la gente puede identificarse más fácilmente.

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Quería compartir una parte de nuestra vida familiar, mi relación con mi madre y nuestras historias”, le dijo a la BBC.

” Echo de menos Malasia y a menudo pienso en mi país de origen.

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Cuando era niña me encantaba volar cometas, ir a mercados y lanzar fuegos artificiales. Pasé mi infancia balbuceando chino, malayo e inglés”, recuerda con orgullo. Pero enfrentarse a la barrera del lenguaje en un país extranjero fue algo difícil.

En su ensayo, Cassandra relató una experiencia “humillante” que le pasó a su madre en la escuela, cuando sus compañeros se rieron de ella después de que el profesor criticara un texto que había escrito en inglés.

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Pero una compañera bondadosa salió a su rescate. “La protegió y poco a poco, con paciencia, fue hilvanando el lenguaje de mi madre”, escribió Hsiao.

Pero los retos no terminaron ahí.

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“Mi madre me pidió que le enseñara bien inglés para que las señoras blancas y viejas en la tienda Target no se rieran de su pronunciación.

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No ha sido fácil”, explicó en su ensayo. El texto seguía así: “Hay cierto sentimiento de culpa cuando coso sus letras, una con otra. Largas vocales, consonantes dobles…yo también estoy todavía aprendiendo. A veces permito que los fallos pasen desapercibidos para no herir su orgullo, pero quizás también le he hecho más daño a ella para no herir el mío”.

“Creo que este ensayo contiene realmente los valores que mantengo cerca de mi corazón: levantarse por aquellos que no tienen voz, aunque pienses que tú misma aun no has encontrado la tuya”, cuenta Cassandra.

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