Por LUIS DIEGO MONSALVE [email protected]

La revista The Economist acaba de publicar un reportaje especial sobre los vehículos autónomos. En dicho reportaje se hace un análisis muy completo del estado de esta tecnología, su impacto en la industria de los automóviles, la planeación urbana y la sociedad en general; y cómo se deberán adaptar las políticas y regulaciones a esta nueva realidad.

Lo primero que hay que decir es que esta es una tecnología que avanza a pasos agigantados y se espera que en los próximos 10 a 15 años sea una realidad en gran parte del mundo desarrollado, y de ahí poco a poco en los países menos avanzados. Ya hay varias ciudades en Estados Unidos, como Phoenix y Pittsburgh, que permiten en forma limitada la operación de estos vehículos.

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En segundo lugar, es casi unánime el criterio de que esta tecnología se aplicará en vehículos movidos por energía eléctrica, remplazando gradualmente el motor de combustión.

Hay muchos efectos positivos que se esperan de esta tecnología, como la reducción exponencial de los accidentes de tránsito, la calidad de vida de las personas que ya podrán ocupar su tiempo en otras actividades diferentes a conducir mientras se movilizan, y la facilidad de transporte para los mayores, los niños y personas con discapacidad.

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Así mismo se esperan beneficios más amplios para la sociedad como menor necesidad de espacio para parqueaderos y mayores espacios públicos, menor contaminación y menor congestión.

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Finalmente, más que efectos negativos, la publicación advierte la necesidad de empezar a diseñar políticas y regulaciones que se ajusten a esta nueva forma de movilidad, especialmente en temas de estándares de seguridad y en nuevas formas de manejar el tráfico, principalmente en las ciudades.

Ahora paso a la realidad de nuestra ciudad, Medellín y en general del Valle de Aburrá.

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Estamos viviendo una emergencia ambiental, en gran parte causada por la contaminación del tipo de vehículos que hoy operan en la ciudad, y acentuada por nuestra realidad geográfica de vivir en un valle estrecho y cerrado.

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Por otro lado, la misma geografía de la ciudad (y la falta de visión y capacidad de ejecución de nuestras autoridades) no ha permitido el desarrollo de vías más amplias, por lo cual tenemos cada vez mayor congestión.

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Pero también tenemos aspectos positivos muy interesantes: este mismo valle y estas mismas montañas que nos rodean, nos han permitido ser la región de mayor producción de energía eléctrica del país, con una empresa modelo en este campo como EPM, y además somos reconocidos como una de las ciudades más innovadoras del mundo.

¿Cómo combinar estos factores negativos y positivos? Medellín y el Valle de Aburrá debería ser en la próxima década la región líder en Latinoamérica en la adopción de estas nuevas tecnologías de movilidad.

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Podríamos estar resolviendo de manera conjunta los problemas de contaminación y de congestión, y a la vez creando nuevos espacios públicos amigables con el medio ambiente.

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La Alcaldía (con EPM), la Gobernación, el Área Metropolitana, los gremios y las universidades, con el apoyo de la ciudadanía en general, deberían asumir este reto de manera inmediata y agresiva, estableciendo desde ya las políticas pertinentes y haciendo las inversiones que se requieran para lograrlo.

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¡Es el legado que les debemos dejar a las futuras generaciones que habiten esta bella región!.

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