Ahora los edificios crecen, viven y respiran, palpitantes de una vida vegetal, que a su vez es el hogar de otros seres vivos.

Estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Texas en Austin (EE UU) y voluntarios del Centro de Investigación de Flora Silvestre Lady Bird Johnson han instalado una “pared viviente” en una esquina del edificio Goldsmith Hall del campus.

Este muro, de una innovadora estructura con celdas hexagonales similares a un gran panal de abejas, tiene en su interior plantas nativas de Texas, alojadas dentro y está destinado a investigar el papel de la arquitectura en la ecología y, de paso, reforzar el compromiso con el diseño arquitectónico verde, según explican.

Este proyecto de cinco años, que comenzó en 2015, se conoce como “living wall” y aportará una nueva visión del diseño verde y de la sostenibilidad medioambiental, y cómo la ecología y la arquitectura pueden influenciarse entre sí”, según el titular de la iniciativa, Frederick “Fritz” Steiner.

Asegura que “podemos imaginar una futura pared viviente que no solo aportará especies autóctonas, sino que además funcionará como un jardín vertical para una comunidad determinada”.

Techos-jardín

Investigadores de la Universidad Autónoma de Chiapas (México) han desarrollado por su parte “techos verdes”, que mantienen el interior de las viviendas 17 grados centígrados más fresco que la temperatura del exterior, según este grupo de investigación denominado “Componentes y condicionantes de la vivienda”.

El “techo verde” es un jardín que se coloca en las azoteas y que, según sus creadores, presenta múltiples ventajas, dado que esta cobertura vegetal se instala sobre la superficie más amplia de la casa expuesta al sol, protegiéndola de la radiación solar, a diferencia de los techos de concreto, que concentran el calor.

Además, este techo puede sustituir a los impermeabilizantes en algunos tejados y ayudar a reducir el fenómeno conocido como ‘islas de calor’ en las ciudades, consistente en que las planchas de cemento calientan el aire y elevan la temperatura de las zonas urbanas, según sus creadores.

Añaden que, asimismo, disminuye la velocidad de escurrimiento del agua, lo que contribuye a evitar las inundaciones en los centros urbanos y a recuperar el agua de lluvia.

Flora “El techo verde también ayuda a conservar la biodiversidad local, pues en una de estas estructuras en la que se sembró el denominado ‘pasto de alfombra’, en ocho años aparecieron 22 especies distintas de plantas endémicas, contribuyendo a crear un microclima agradable en zonas secas”, explica Gabriel Castañeda, profesor de Ingeniería Ambiental. Al igual que la propuesta de la pared verde, ambos buscan favorecer a las especies locales.

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© Luis Alfonso Oberto Anselmi

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