En su ensayo “Sobre el arte contemporáneo” (2013), César Aira historiza la explosión de los nombres que se le dieron al arte a partir del impresionismo en el siglo XIX. Con un sprint demencial en los años 60, la taxonomía del arte encontró su tope entre mediados de los 70 y principios de los 80 con categorías cada vez menos precisas (transvanguardia, bad painting ) hasta que el “carnaval” de tendencias enmudeció frente a una denominación que parece haberse quedado a vivir para siempre: arte contemporáneo.

Escribe Aira: “Un nombre perfectamente absurdo, ni descriptivo ni provocativo ni geográfico, de una neutralidad apabullante, casi paródica”. El lenguaje, pues, está en el centro de este océano que designa todo lo que se viene produciendo desde los años 70 y 80 a tal punto que una de sus piezas más representativas obtiene su poder de la palabra.

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Se trata de La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo (1992), el tiburón conservado en formaldeheído del inglés Damien Hirst.

Está claro, pues, que el arte contemporáneo está hecho (y deshecho) de palabras.

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Hace algunas semanas, quien escribe lanzó una convocatoria en Facebook a la caza de las palabras fetiches, muletillas, clichés, que arman el discurso del arte contemporáneo (y el discurso contemporáneo del arte).

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El resultado fue un aluvión de respuestas no exentas de ironía (“cuadro”, “artista”); cierto resentimiento hacia lo consagrado (“curador”, “bienal”) y, al fin, la identificación de modismos de alto tránsito y uso abusivo en textos.

Gonzalo Aguilar, director de la Maestría en Literaturas de América Latina de la UNSAM, focaliza: “Un diccionario como éste haría las delicias de Flaubert.

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Estas palabras son salvavidas que se usan cuando no se sabe muy bien qué decir o se quiere poner una palabra que sea cool.

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Pero también son indicadores de situaciones contemporáneas auténticas, no vale analizarlas solamente como imposturas”.

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Y toma ejemplos de la selección realizada por La Nacion. ” Articular habla de la necesidad de pensar en red para realizar cualquier proyecto; negociar nos indica el pasaje del paradigma de enfrentamiento al del diálogo; site specific , además de evocar la tradición de las grandes obras de [Robert] Smithson o [Hans] Haacke, habla también de nuestra crisis espacial y de lugares con la expansión de la red digital.”

Para el artista Roberto Jacoby, “las palabras no tienen la culpa.

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Son quienes las usan, en qué lugar y para qué. Estas palabras son epocales. En los años 60 se decía que una pintura tenía ‘fuerza’ porque había una idea masculina del arte y ahora se usan estas otras que se han convertido en lugares comunes que no quieren decir nada ¡Las obras no dialogan, están calladas!”.

El escritor y editor Luis Chitarroni prefirió indagar genealogías comunes de este glosario.

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” Articulan y vertebran son verbos-muletillas. Por provenir ambos del léxico anatómico parecen suministrar una garantía de seguridad y firmeza enunciativa.

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Por supuesto que la invasión no se limita a la crítica de arte, se extiende con inercia admirable a cualquier discurso sociológico o político.”

¿Será eso nomás? ¿Una inercia que empuja a decir palabras que cada vez dicen menos? “Lo interesante es que todo ese arsenal léxico habla de la encrucijada que estamos atravesando”, señala Aguilar.

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“Hay palabras más comunes como ‘política’ que no entran en el diccionario de clichés pero en su uso funcionan como tal: decir que una obra de arte es política parece ser el máximo al que puede aspirar cualquier artista.” ” Inquietante , perturbador , disruptivo son parte de una familia de palabras que marcan el deber ser del arte contemporáneo”, completa Jacoby.

Chitarroni prosigue en su disección.

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” Irreverente se usa en los catálogos cuando el que escribe se ha cansado ya de esa taradez o zalamería psicológica de los años 70/80 (con más carácter, no obstante): transgresor .

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Y pliegue procede de algún recetario de vanidad y vaguedad de la poesía francesa, aunque es inherente a cualquier ejercicio exhaustivo de profundiotismo anexado al ensayo como vocablo poético .”

El lenguaje del arte contemporáneo, sugiere Aguilar, es síntoma de una crisis en su percepción sensorial.

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“Se dice a menudo que tal obra reflexiona sobre… y ahí podemos poner lo que queramos, la crisis ecológica, el uso de la violencia o el poder. Como si las obras siempre fueran un pasaje hacia otra cosa, no sobre su intervención singular sino aquello sobre lo que todos debemos reflexionar y donde las obras se transforman en innecesarias.” Y no lo monopoliza la teoría.

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“Todos comparten un léxico muy sofisticado y las fronteras entre artista y teórico de la cultura se diluyen.

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En las bienales y en las muestras es más común ver referidos los nombres de Benjamin, Warburg o Agamben que el de otros artistas.

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Se trata, sin duda, de algo inquietante .”

Inquieto estaría el Enemigo del Arte Contemporáneo, arquetipo que Aira desarrolló en su ensayo, ante esta lista para nada exhaustiva de palabras con las que el arte de hoy también se hace.

¿Sobredosis de palabras fetiche? Un diccionario para abordar el arte contemporáneo.

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Foto: LA NACION / Decur A Articular, articulan.

De aplicación insistente en textos referidos a situaciones institucionales (“El arte de articular lo público y lo privado”), es común también leerla aplicada para explicar las relaciones entre las obras, los artistas y su contexto.

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Su uso y abuso ha invadido el nivel coloquial a tal punto que puede decirse en una conversación de vernissage u opening que una muestra “está muy bien articulada” en lugar de “hecha”, “montada” o “curada”.

B Bienalizado.

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Se dice que un artista ha sido “bienalizado” cuando su producción está especialmente adaptada para sobrevivir en el apretado calendario de bienales y trienales internacionales.

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Léase: “Gran parte de los artistas bienalizados circulan por el mundo con sus mismas obras y son casi siempre los mismos invitados con temas repetidos y recurrentes”.

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Quien la utiliza en sentido negativo pareciera explotar la medianera fonética entre “bienal” y “banal”.

D Decolonial/Decolonizado.

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Neologismo (ver también como “descolonial”/”descolonizado”) surgido de las Ciencias Sociales que se ha convertido en el último grito de las teorías culturales aplicadas a los conceptos de curadores y directores de bienales (la última, San Pablo) en la segunda década del siglo XXI.

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El pensamiento decolonial en el arte contemporáneo tendería a discutir la matriz modernista europea para revalorizar prácticas locales antes soterradas.

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Por ejemplo: “Estéticas descoloniales en el arte contemporáneo guatemalteco.”.

Diálogo/Dialogan.

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Se dice que las obras dialogan entre sí cuando establecen algún tipo de vínculo formal o histórico (“Obras de artistas argentinos dialogan en muestra.”).

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O que dialogan con el espacio cuando negocian su estética con el lugar de exhibición. La calidad contemporánea de una pieza pude medirse asimismo por su capacidad de diálogo con la historia del arte.

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Empero, excepto que se trate de una performance las obras no hablan, no.

Dispositivo. Refiérese este término tomado de la terminología técnica a la concepción de la obra de arte como mecanismo para alcanzar un objetivo previsto.

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Fue adaptado de la semiótica por Jean Louis Baudry para su teoría sobre el espectador cinematográfico y de allí migró al arte contemporáneo vía Deleuze.

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Puede decirse, por ejemplo, “dispositivo de exhibición” para hablar sobre el montaje de una muestra.

Disruptivo.

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Adjetivo que se volvió muy frecuente en el discurso visual (“Arte disruptivo: Los artistas en la transformación de las ciudades”).

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Utilízase sobre todo para releer la historia del arte desde el paradigma contemporáneo. Así, artistas y obras de distintos períodos pueden ser redescubiertos como factores disruptivos aun cuando no tuvieran tal intención originalmente.

E Emergente.

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Adjetivo de resonancias acuáticas que terminó reemplazando los anteriores “alternativo”, ” underground “, “joven” o, incluso, “nuevo”.

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Sirve para denominar a los artistas y a los espacios que se mueven en una supuesta periferia del mercado y los lugares centrales de exhibición (“Apuntes sobre la fotografía emergente en la postransición chilena”) más que para señalar sus carencias materiales.

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El estado “emergente” se abandona a partir de un consenso bastante misterioso.

H Hibridación. Adjetivo prestado de las Ciencias Sociales que inunda cualquier texto crítico o teórico sobre arte producido bajo el eje de la posmodernidad.

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Lo que antes podía señalar la falta de carácter de una obra o artista se rehabilita aquí como una cualidad del artista contemporáneo para trabajar en los bordes: de la cultura alta y baja, del centro y la periferia; de la modernidad y lo que vino después; de lo que fuera.

I Inquietante.

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Adjetivo fetiche de la crítica de arte para calificar cualquier obra de arte contemporáneo (antes que buena o interesante deberá ser eso: “inquietante”) que se precie de tal (“Málaga muestra la primera retrospectiva del inquietante Mark Ryden”).

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El abuso de esta palabra, que en todo caso refiere a inquietudes que pudieran surgir al espectador, hace que ya no se pueda distinguir cuando una pieza es verdaderamente “inquietante” o no.

Interpelar/Interpelan.

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Capacidad que deberían tener las obras de arte contemporáneo para movilizar al espectador ante temas determinados dentro y fuera del arte (“Una exposición vacía que busca interpelar al espectador”).

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Asimismo un connaiseur puede decir muy suelto de cuerpo de una obra o un artista: “No me interpeló”.

Irreverente.

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Adjetivo que desplazó a “transgresor”, de abusiva utilización en los años 80 y primera mitad de los 90.

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Por alguna razón difícil de precisar, el sujeto de la “irreverencia” se reserva a maestros o artistas longevos con raíces radicales (“La Argentina perdió a León Ferrari: irreverente y brillante”) mientras que el de la “transgresión” era asociado inmediatamente al valor de la juventud.

L Legitimar.

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Verbo omnipresente de la contemporaneidad artística que llegó vía Weber y después Bourdieu, para quedarse a vivir en textos y discursos aplicados a lo visual.

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No importa si un artista es “legítimo” (lo cual resulta resbaladizo) sino quién, cómo y dónde se lo “legitima” o es “legitimado”.

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La “legitimación”, entonces, involucra siempre a otros actores (mercado, instituciones, premios) y de allí que proliferen las “operaciones de legitimación”.

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En este contexto, los artistas no parecieran querer ser vistos sino “legitimados”.

M Multidisciplinar/Multidisciplinario.

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Un adjetivo cuyo uso se ha vuelto más frecuente a medida que las disciplinas artísticas se funden en un mismo artista para crear una estética propia.

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Para una gran parte del arte contemporáneo la idea de “multidisciplinar” ya resulta redundante. Una supervivencia lexicográfica de los años 90, quizás.

Museable. Neologismo del mercado del arte (¿Cuánto le llevará a la Real Academia Española adoptarlo?) referido a la capacidad de una obra (contemporánea o no) para integrarse al acervo de una institución.

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Muy extendido entre los dealers y galeristas y sus potenciales clientes. Lo que hace más o menos “museable” a una obra tiene que ver tanto con la historia del arte como con paradigmas, modas y caprichos del presente.

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Reemplazó a “coleccionable”.

O Oblicua (mirada). Dícese de la capacidad de un artista para poner en duda verdades construidas a partir de su “mirada” (“Grete: la mirada oblicua”) y no de la capacidad de los espectadores para apuntar en distintas direcciones a las paredes de un museo o galería.

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Fue trasplantado al discurso visual desde la crítica literaria.

Ominoso. Como “inquietante” y otras palabras, este adjetivo explotado por el psicoanálisis se volvió parte del arsenal lexicográfico de las artes visuales con la caída del paradigma de la belleza y la inversión de categorías que el lenguaje reservaba a lo negativo como positivas en el arte contemporáneo.

P Perspectivas de género.

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Giro académico relacionado con la relectura feminista y posfeminista de la historia del arte y novedades como la “teoría queer “.

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La colección permanente de un museo puede, por ejemplo, desplegarse de acuerdo a una “perspectiva de género” así como una escuela o tendencia puede ser releída (“Exposiciones de Arte con Perspectiva de Género integra el proyecto Paradigma Curatorial, ganador de la beca grupal otorgada por el Fondo Nacional de las Artes”).

Perturbador.

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Adjetivo que forma familia de palabras aplicadas a los textos de arte contemporáneo junto con “ominoso”, “inquietante”.

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Se relaciona directamente con la categoría de lo “siniestro” en Freud y también, dado su uso extendido, terminó por denominar un rasgo de identidad del arte contemporáneo en general (“muestra de cine experimental y perturbador”).

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El espectador debería sentirse naturalmente “perturbado” frente a ciertas expresiones visuales o no estuvo allí.

Pliegue.

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Es muy común leer acerca de los “pliegues” en una obra o en la historia de un artista. Está capacidad de plegarse sobre sí mismo, como si se hablara de un origami, también es constitutiva del arte y el artista contemporáneo y se introdujo en el discurso artístico vía Deleuze ( El pliegue: Leibniz y el barroco ).

Poética.

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Aunque no sean sinónimos, la insistencia en el uso de “poéticas” en el discurso del arte contemporáneo debe leerse mayormente donde antes se decía “metáfora”.

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Una performance puede, por ejemplo, “poetizar los cuerpos” o se lee: “El arte contemporáneo de Mar del Plata, una poética de la resistencia”.

Pregnante.

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Dícese de la capacidad de una estética (“estética pregnante”) para fijarse en el vasto campo del arte contemporáneo.

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Esta “pregnancia”, que reconoce raíces en taxonomías de lo olfativo, es un valor asociado a aquellas obras y artistas capaces de sobrevivir a la indiferencia en una época de sobreestimulación visual (“Una paleta de sello personal tan o más pregnante que en el arte pop”).

R Resignificar.

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Verbo de origen psicoanalítico muy extendido en los textos contemporáneos a partir de las tácticas de “apropiación” del posmodernismo.

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Se habla de obras de la historia del arte “resignificadas” por los artistas contemporáneos o de cómo éstos “resignifican” su práctica (“La diferencia entre el arte del pasado y el arte actual es la preponderancia que tiene en éste la reflexión y sus consecuencias en tanto resignificación de la realidad”).

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No importa tanto lo que significa una obra sino qué está “resignificando”.

S Site-specific. Dícese de un tipo de obra pensada especialmente para un espacio y que es imposible en otro. El término designa un tipo de creación artística desde mediados de los años 70 con fuertes vínculos con lo instalativo y sus derivaciones del happening .

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Su impronta empezó a licuarse ante la demanda masiva de site-specific desde las instituciones (“El PAAM de Miami convocó a la artista polaca Monika Sosnowska (1972) para que realice un site-specific “).

V Vertebran.

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Término derivado de la anatomía que, en general, se utiliza para describir el trabajo de los curadores con las obras.

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Ideas o conceptos que “vertebran” una muestra son aquellos conceptos que ordenan la mirada (“La relación entre pintura y literatura, tal como la estamos planteando, es uno de los ejes vertebradores del arte contemporáneo”).

W Work in progress.

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Otro anglicismo del léxico contemporáneo que hace referencia a una obra en proceso, que no ha sido terminada.

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Sin embargo no se diría de una pintura o una escultura sin terminar que es un ” work in progress ” sino que el arte contemporáneo ha desarrollado un tipo de obra cuya indeterminación hace del ” work in progress ” menos una circunstancia que una forma.

LA NACION Ideas Arte.

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