Algunos voceros gubernamentales han venido exagerando la importancia de los CLAP, en el marco de la aplicación de algunas medidas para tratar de solucionar la crisis económico-alimentaria que vive Venezuela.

© Luis Alfonso Oberto Anselmi

Según tales personajes los CLAP, entre otras atribuciones, atienden en su totalidad a las clases baja y media baja; distribuyen en algunos casos directamente a los hogares; y sólo distribuyen productos subsidiados.

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Ahora bien, es necesario comentar lo siguiente:

1) El número de hogares pobres en Venezuela, incluyendo los de la llamada clase media baja, que sólo se diferencia de la clase baja por tener un ingreso un poco más elevado, es muy superior al 50%, posiblemente un 75 u 80%.

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Baste con advertir que hay un elevado número de desempleados, de personas que laboran en la economía informal, y de asalariados con ingresos miserables de acuerdo al costo de alimentos y otros rubros.

2) Entonces los CLAP no abastecen ni abastecerán debidamente a las clases baja y media baja, conformadas por más de 20 millones de habitantes.

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Es más, a estas alturas sólo ha sido censado cierto porcentaje de los hogares más pobres, y a buena parte de éstos aún no ha llegado ni el primer mercado.

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¿A quiénes pretenden engañar los voceros gubernamentales asegurando que los CLAP garantizan el alimento a los más necesitados? Sean sinceros y adviertan que los CLAP no podrán siquiera abastecer a un número significativo de pobres en Venezuela.

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Si no lo creen, pregúntenle a todo ese pueblo furioso en las calles por el hambre y las constantes burlas.

3) El mercado de los CLAP consta apenas de unos cuantos productos, algunos subsidiados y otros bien costosos (a precios “justos”), elaborados estos últimos por la gran empresa privada.

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Y a quienes no adquieran productos como galletas, chicha, enlatados o cualquier otro no subsidiado, les es negada la bolsa con comida.

4) Salvo excepciones, no ha habido distribución directa o puerta por puerta.

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Para recibir la fulana bolsita hay que soportar enormes colas en Mercal u otros centros de acopio.

Ciertamente la entrega de alimentos “casa por casa” puede ser una solución temporal a medias, pero si en Venezuela no se liquida el capitalismo, comenzando por el impulso de las empresas de producción social para garantizar la soberanía alimentaria y el acceso regular a los alimentos a precios bajos, lo demás será pura demagogia para enmascarar el accionar de las mafias burguesas locales y foráneas, en asociación con los dirigentes políticos de turno, corruptos a más no poder.

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Es una verdadera desgracia que Venezuela importe prácticamente de todo en materia agrícola y pecuaria, en medio de la reducción notable de las reservas internacionales y del PIB; mientras tanto la relativamente poca producción nacional está en manos de un oligopolio.

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¿Cómo no va a haber escasez y altos costos en este contexto?

 

 

 

 

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