Por María Gabriela Arteaga En un inesperado giro de su política internacional, Turquía buscará impulsar el restablecimiento de las relaciones con Rusia el próximo 9 de agosto, cuando su presidente Recep Tayyip Erdogan visite a Vladimir Putin en San Petersburgo, bajo la estela de un reciente golpe de Estado fallido.

Rusia “no es sólo nuestro vecino más cercano y amigable, sino un socio estratégico”, dijo ayer el viceprimer ministro de la nación otomana, Mehmet Simsek, en reunión con su homólogo de Moscú. Explicó: “estamos aquí para normalizar la situación y nuestras relaciones lo más pronto posible, y a un ritmo acelerado desde que quedaron interrumpidas el 24 de noviembre”, cuando aviones de combate turcos derribaron una aeronave militar rusa cerca de la frontera con Siria.

Simsek agradeció al Kremlin por su apoyo. “Respaldaron la democracia, respaldaron el gobierno. Muchas gracias”, dijo en su encuentro con Arkady Dvorkovich y enfatizó, además, su satisfacción ante la disposición de retomar los vínculos económicos.

Las recientes tensiones llevaron a suspender los vuelos entre ambos países, con un impacto directo en el turismo turco y el comercio.

Ahora, el volumen de negocios debería aumentar aunque no a niveles previos, dijo el ministro de Economía ruso, Alexei Ulyukayec, quien además apuntó que el embargo de comida turca se debe levantar gradualmente.

Reacomodo de la región Este acercamiento podría traer un reacomodo de la región. De la misma manera que las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea contra Moscú hicieron que el Kremlin acelerara su “giro a Asia”, en particular a China, la presión contra Ankara por la dura purga emprendida tras el alzamiento la ha llevado a buscar nuevos aliados.

El jefe de Estado otomano ha establecido contactos con su similar de Irán, Hassan Rouhani, y se ha mostrado dispuesto a “unir esfuerzos para restablecer la paz y estabilidad en la región”. Así, su papel en medio de la guerra en Siria también podría cambiar. Turquía ha apoyado a los opositores de Bashar Al Asad, pero sus nuevos socios respaldan más bien al régimen militar de Damasco.

Erdogan ya tiene sobre sí el peso de las fuertes críticas que se han desatado desde EEUU y la OTAN por su arremetida en contra de decenas de miles de oficiales del ejército, del servicio civil, empresarios y académicos luego del intento de golpe, el 15 de julio.

Se intensifica la purga Ayer, más de 1.000 miembros de las fuerzas de seguridad participaron en la búsqueda de once soldados que habrían actuado en la revuelta.

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En el operativo, lograron dar con el paradero de uno de los sargentos, Erkan Cikat, quien fue arrestado.

También fue detenida la periodista Nazi Ilicak, un día después de que se emitiera una orden de captura en contra de 42 profesionales de los medios.

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Además, la dirección de Asuntos Religiosos despidió a otros 620 empleados, entre ellos predicadores e instructores del Corán.

En tanto, el clérigo autoexiliado en EEUU, Fethullah Gülen, negó desde Nueva York las acusaciones de haber orquestado el golpe militar.

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Aseguró que siempre ha denunciado las intervenciones militares y acusó al jefe de Estado de convertir la “democracia en despotismo”.

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