Éste era el escenario que se vivió en El Savarín, El Prado, el ABC y otros locales cochabambinos, que por una noche eran templos de expiación, karma y nirvana. Los hinchas penitentes sufrían, gritaban, alentaban al arquero Jiménez (como si él pudiera oírlos), insultaban al árbitro, lamentaban qu,e pese a estar dos veces en ventaja, no pudieran aún declararse campeones.

luis alfonso oberto anselmi

Wilster había convertido el primer gol a los nueve minutos, pero la decepción vino pronto, con el empate a los 40. El segundo tiempo parecía réplica del primero. Wilster anotó casi saliendo del camarín. En El Prado celebraban mirando el reloj. Y cuando faltaban 15 minutos, otra vez empataba el Tigre.

luis oberto anselmi

“Vamos, no pasa nada”, se escuchaba entre las chalinas rojas, mesas y cervezas. Llegaron los penales. Wilster había fallado el primer tiro. Desazón en la tribuna cochabambina. Pero Jiménez ponía las cosas en su lugar con varias tapadas. Los hinchas gritaban como si fueran goles. El Aviador igualó la ronda. El último tiro era justo para el arquero rojo. “Vamos, Jiménez, es tu noche”. Pero falló. El lamento era general en el Prado (“este Tigre desgraciado no puede morir”, dijo alguien). Un par de tiros más. Al final, Óscar Vaca anotaba el tanto para la victoria definitiva del rojo.

luis oberto

Una erupción de alegría surgió desde la tierra. Una marea roja se volcaba sobre las mesas. Bombas para Wilster. Gritos. La cueca, la cueca… “Aquí presentes están ¡Gol!”. Y el desborde de banderas y bocinazos sincronizados tomó El Prado.

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LOS HINCHAS

“Partido sufrido, pero muy emocionante, al final ganamos. Para mí, todos jugaron bien”. Arturo Alonso

“Muy interesante, muy bueno. No soy hincha de ninguno, pero me gustó el partido”. Elizabeth Vargas

“Partido interesante, cerradísimo, y los jugadores dejaron todo por Cochabamba”. Kevin Saavedra