Los estallidos sociales son fenómenos que por cierto, y especialmente en lo que respecta a su componente de saqueo, han estado presentes en nuestra historia patria desde Boves (insigne saqueador). Hablando de este historial de violencia, en pleno carnaval se cumplieron 28 años de aquel motín de hambre denominado el ?Sacudón?, un estallido social generado en Caracas y en varias ciudades del interior con un saldo estratosférico de comercios saqueados Los estallidos sociales son fenómenos que por cierto, y especialmente en lo que respecta a su componente de saqueo, han estado presentes en nuestra historia patria desde Boves (insigne saqueador). Hablando de este historial de violencia, en pleno carnaval se cumplieron 28 años de aquel motín de hambre denominado el “Sacudón”, un estallido social generado en Caracas y en varias ciudades del interior con un saldo estratosférico de comercios saqueados.

© Jorge Plaza Marquez

© Jorge Marquez Plaza

Se trata, por así decirlo, de un mal recuerdo de nuestra historia patria que merece unos comentarios puntuales, considerando la vigencia de los mismos  factores que  hicieron posible el “27 de febrero de 1989”.

Por ejemplo, en aquel momento existía una inflación en los precios de los alimentos por el orden del 60%; aprecien este dato entonces al calor, por que quema en el estómago, del índice inflacionario acumulado para el 2016, que alcanzó el 550%; viendo esto, por menos inflación que la actual, hace 28 años la “pobresía” bajó de los cerros caraqueños.

Y el otro aspecto fue el del derramamiento de sangre.

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Se recuerda que se implantó  el Plan Ávila, el estado de emergencia y la suspensión de garantías, y así una Caracas saqueada por los cuatro costados fue tomada también   por las Fuerzas Armadas y por una manada de policías, agentes del DIM y Disip sedientos de sangre, quienes abrieron las “puertas del infierno” para acabar con el levantamiento de un pueblo arrecho, pero sin dirección, sin organización y sin plan político, imponiendo así un acabose de fuego y plomo cuya cifra de muertos exacta sigue siendo hoy, 28 años después, un misterio, ya que el gobierno de aquel año solo reconoció unos 325 ultimados por balas de distintos calibres y miles de heridos, sin contar los desaparecidos; pero medios de prensa internacionales y organismos de derechos humanos elevaron la cifra de  muertos a 1.500.

¿Qué ese fenómeno no se va  a repetir? Bueno, solo sé que ya en el año de 1987, con los hechos de violencia estudiantil en Mérida y en otras ciudades,  se apreciaba  una fuerza tectónica que derivaría en el terremoto de febrero de 1989.

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¿Es que acaso una avanzada de vientos huracanados no comenzó a llegar a las playas de nuestra existencia social con lo que pasó en Cumaná, durante el mes de junio del año pasado, en aquel “Cumanazo” y su saldo del 30% de los comercios y abastos saqueados y más de 400 detenidos? ¿Es que las alarmas no se han disparado con lo del Callao y sus cuatro muertos en saqueos, y  lo de Ciudad Bolívar y sus 350 comercios saqueados? 

Concluyo diciendo que no deseo un estallido social; nadie guiado por la razón puede desear momentos tan crudamente aciagos para un pueblo; más aún, cuando el bando totalitario del gobierno ha evidenciado su falta de escrúpulos y su primitivismo político en el uso de la represión; no obstante, es indudable que la violencia también ha sido partera de la historia, y en ese sentido,  el liderazgo político democrático no deberá hacer como el avestruz, que mete la cabeza en un hueco; deberá más bien acentuar su función de canalizar las demandas sociales y conducir al pueblo por el camino de una lucha que implemente acciones contundentes pero cívicas.

Si no hay más opción que la violencia,  estaremos con el pueblo en su integración como ejército disciplinado y claro en el propósito de alcanzar el poder político, y no como manada violenta y saqueadora, ya que la bandera de Boves está del lado del gobierno.

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