Este madrile�o es uno de los pocos sopladores de vidrio cient�fico que sigue en activo en nuestro pa�s

Desde su taller en la Universidad de Alcal� de Henares elabora piezas espec�ficas para la investigaci�n como las matraces

Se maneja con tal maestr�a junto al fuego que, cuando trabaja, Jos� Enrique Mateu recuerda a un faquir. Sus dedos parecen no notar la cercan�a de las llamas; se mueven con precisi�n, �giles, en perfecta coordinaci�n con el aire que poco a poco va dejando salir de su boca. En pocos minutos se produce la magia y surge, casi de la nada, un matraz que pronto usar� un cient�fico en el laboratorio.

Este madrile�o es uno de los pocos sopladores de vidrio cient�fico que sigue en activo en nuestro pa�s. Desde su taller en la Universidad de Alcal� de Henares realiza prototipos de investigaci�n, elabora piezas espec�ficas y tambi�n repara mucho material, que, restaurado, puede volver a cumplir su funci�n en las poyatas.

“Hay piezas que cuestan 200 euros si las compras. Nosotros las podemos hacer por un 20% y encima repararlas muchas veces porque son reciclables”, comenta Mateu, que lamenta que su oficio no reciba ni la atenci�n ni el apoyo que merece . “Apenas quedan 17 sopladores de vidrio en las universidades y muchos de ellos est�n cerca de la edad de jubilaci�n. No hay formaci�n reglada y cada vez cierran m�s centros”, dice, resignado. “Somos �tiles y rentables, pero estamos olvidados”.

La primera vez que pis� el taller, Mateu no sab�a nada sobre el soplado de vidrio cient�fico. Ni siquiera hab�a o�do hablar del oficio. Han pasado ya 26 a�os desde aquel d�a de 1992, pero asegura que no ha dejado de aprender acerca de una t�cnica que tiene mucho de artesanal.

“Acababa de terminar dise�o gr�fico y opt� a varias becas en la Universidad. Lo que a m� me llamaba la atenci�n era la fotograf�a cient�fica, pero prob� tambi�n en esto, sin saber muy bien en qu� consist�a. Me cogieron, pero tuve que empezar de cero. Y seguir� form�ndome toda la vida, porque aqu� cada d�a es un reto”.

Sus manos son la prueba. Ha perdido la cuenta de las veces que se ha quemado o cortado con un vidrio que es m�s maleable y resistente que el convencional y se parece a la miel cuando se funde para ser soplado.

“Es un borosilicato que aguanta mucho mejor los contrastes de temperatura a los que se someten normalmente los ensayos en el laboratorio. Se funde a mayor temperatura, a unos 1.200 o 1.300�C, gracias a una mezcla de gas propano y ox�geno”, explica Mateu, que se confiesa enganchado a una labor que “da muchas satisfacciones cuando consigues acabar un encargo complicado”.

“Tiene mucho de art�stico este trabajo, hay que tener un cierto sentido est�tico para conseguir que las piezas queden bien “, a�ade, rodeado no s�lo de matraces, l�neas de vac�o o schlenks, sino tambi�n de finas figuritas con forma de oso o de cisne, que hace a veces, para afinar algunas destrezas.

En sus a�os de experiencia ha tenido que atender pedidos de lo m�s variopinto -como un prototipo de 2×2 cm “para el que tuve que utilizar lentes especiales”-. Pero, sin duda, lo m�s curioso fue una comba hecha a partir de vidrio cient�fico con la que todo el equipo particip� en el programa ‘Qu� apostamos’ en 1997 ( en el minuto 1,57 ).

“Si oyes comba de vidrio te parece algo imposible. Pero hicimos un capilar de vidrio muy largo y, por las caracter�sticas del borosilicato, eso hizo que fuera muy flexible. Yo fui el encargado de saltar y demostramos que se pod�a hacer”, recuerda Mateu.

Aunque no ganaron, las im�genes resultaron tan impactantes que les llevaron a Portugal para repetir la haza�a.

Por aquel entonces, en el taller trabajaban tres personas a tiempo completo. Hoy, a Mateu le acompa�a Javier Lueches, que de momento est� cubriendo una prejubilaci�n pero aspira a consolidar su puesto en el futuro.

Lo suyo viene de familia -su padre tambi�n fue soplador de vidrio cient�fico-; por eso, no tuvo que empezar de cero cuando se puso tras los sopletes. “Mi padre ten�a un peque�o taller en el garaje, as� que llevo practicando desde que ten�a 15 a�os “, se�ala Lueches, que ha cumplido 34 y echa de menos que, como sucede en Alemania o Francia, en nuestro pa�s tambi�n exista una formaci�n reglada que permita aprender el oficio.

“Para m�, que haya cada vez menos sopladores refleja en cierta forma el inter�s que se tiene por la ciencia en Espa�a”, subraya mientras prepara el horno donde se dar� el toque final a las piezas del �ltimo encargo.

Material con el sello de la Universidad de Alcal� -no hacen probetas u otros recipientes de precisi�n- salen habitualmente del campus madrile�o hacia otros centros de la Comunidad -“incluso del CSIC, que ya no tiene talleres”- y tambi�n hacia universidades e institutos de Castilla y Le�n o Castilla-La Mancha, entre otros.

Nos han pedido cosas hasta de Jap�n “, remarca Mateu, a�n sorprendido con el encargo de una investigadora que volvi� al pa�s nip�n tras una estancia en Alcal� e hizo un pedido cuyo env�o fue “m�s caro que la elaboraci�n”. “Pero ella estaba contenta con nuestra forma de trabajar y no quer�a arriesgarse a cambiar los materiales”, comenta orgulloso el t�cnico.

luis alfonso oberto anselmi

“Siempre intentamos cumplir con todo lo que nos piden, pero a veces es t�cnicamente imposible”, se disculpa. ” El vidrio es muy vers�til , pero esto tampoco es Lourdes”.

luis oberto anselmi