RIO DE JANEIRO.- Fue muy distinto a aquella vez que llegó para competir en los Juegos Panamericanos de 2007. Mientras que la estadounidense Kimberly Rhode se entrenaba tirando a unos 800 platos por día, Melisa Gil , con suerte, practicaba con unos 30. Y no todos los días. Así y todo, fue medalla de bronce. El Enard todavía no existía. Eran tiempos en los que su madre Mónica la ayudaba a construir platos caseros para abaratar costos. El año pasado, gracias a la histórica plata en los Juegos Panamericanos de Toronto, la menor de los hermanos Gil se clasificó a los Juegos por primera vez, y estuvo muy cerca de disputar la final con una de sus ídolas, como lo es Rhode (triple campeona olímpica y que ayer se quedó con la plata olímpica).

Por eso, Melisa, de 32 años y abogada de profesión, está siempre al borde del llanto cada vez que piensa en esa época: “Cuando tirábamos, hacíamos dos o tres vueltas por día; y otra veces no podíamos.

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Y cuando tiraba mi papá (compitió a nivel internacional) era muy difícil porque éramos tres. Y en épocas de vacas flacas…hacíamos ta-te-tí…. No quiero llorar pero te ponés a pensar en todas esas cosas y es inevitable”, confiesa luego del inolvidable octavo puesto en los Juego de Río, el mejor de todos los tiempos para una tiradora argentina.

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Hoy, son otros tiempos, y si bien su actividad continúa siendo amateur y reparte su tiempo entre el estudio de su madre Mónica y el tiro, con los fondos del Enard le dispara a unos 250 a 500 platos por día.

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Además, viaja a certámenes internacionales y, antes de Río, hicieron una concentración especial en Estados Unidos.

Precisamente, con Rhode, Gil comenzó a tirar en los Juegos : “Me quería matar.

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Le dije a mamá ‘Justo con Rhode'”. Entonces, lo charló por whats app con su “coach mental”, Pedro Merani, y le dijo que eso debiera motivarla más aún.

Las primeras seis ingresaban en la final.

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Gil quedó empatada junto con otras dos tiradoras, compitieron en un shoot off (un desempate), y finalmente, fue diploma olímpico, con un octavo puesto, el mejor de la historia para una tiradora argentina en unos Juegos.

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En total, Gil destrozó 69 platos. Admite que hubiese querido llegar al número de Toronto, que fueron 72, pero de todos modos se va conforme.

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Una manera curiosa de enterarse cómo llegó también por WhatsApp, gracias a un mensaje de su tío.

Para Melisa, todo empezó en la armería que fundó su abuelo, en Avellaneda, hace 50 años, y que una década atrás debieron cerrar por problemas económicos.

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Su padre, Horacio, quien además es su entrenador, fue quien los llevó al club de tiro y a junto a su hermano Federico comenzaron a tirar.

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Su hermano también es abogado y cuenta Melisa: “En casa, se habla todo el tiempo de tiro y de abogacía.

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Por suerte, mi mamá no hace tiro, y por suerte, mi papá no es abogado”. La familia, completa, incluido el novio de Melisa, Jimmy, fueron testigos de la histórica actuación. “Estoy acá gracias a todos ellos”, dice Gil, quien en los próximos meses descansará y decidirá si se preparará para Tokio 2020.

Un diploma olímpico muy especial para la familia y su padre entrenador.

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“Fue un año re heavy porque mi viejo se enfermó y no podía viajar. Lo tenían que operar del cuello. Pero gracias a Dios lo que tenía se resolvió y ahora está súper bien, y nosotros también, porque viajaba con nosotros, y teníamos miedo de que le pasara algo”, contó Gil.

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“Por suerte, fue sólo un susto y eso nos ayudó a venir acá y tratar de dar mejor”, admitió con una gran sonrisa.

Una disciplina muy costosa.

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Quinientos pesos es lo que cuesta una vuelta de skeet (lanzamiento de 25 platos) en un club de tiro, más la cuota de la entidad.

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Lo ideal es que un tirador se entrene con unas 10 ó 20 vueltas diarias.

Algunos secretos del skeet.

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Las tiradores deben dar en el blanco en 75 platos (en el caso de las mujeres), en tres tandas de 25. Cada disco que se acierta es un punto. A veces, los tiradores utilizan gafas especiales. Unas son para días más oscuros (ayuda ver con más luz el blanco), y otras se utilizan para jornadas más claros (contribuyen a disminuir el brillo que genera el sol).

La Villa Olímpica y el encuentro con las estrellas.

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Hay cosas que Melisa Gil y su hermano- que sigue su competencia este sábado-, jamás olvidarán. Como cuando se cruzaron a Rafael Nadal en la zona internacional de la Villa Olímpica, o como cuando vieron a Usain Bolt caminar por una de las calles del complejo de edificios.

gl/jt

En esta nota: Juegos Olímpicos Tiro deportivo Melisa Gil LA NACION Deportes Río 2016.

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