La Revolución venezolana comenzó su proceso como proceso político profundo y de transformación estructural y paradigmático después de los avatares del proceso independentista liderado y dirigido por don Simón Bolívar en una fecha que como hecho histórico marca un antes y un después de un espacio temporal de permanentes confrontaciones, curiosamente, poco o nada definidas según nos acerquemos a su análisis para su definición conceptual histórica pero siempre muy marcada por un constante movimiento militarista y/o muy cercano a las armas bien sean de carácter de montoneras, caudillismos o de escenarios anárquicos de curiosas definiciones inconclusas.

Decíamos que es a partir de una fecha histórica que como hecho histórico nos sirve de referencia para poder comenzar a desarrollar toda una tesis sobre lo conceptual modernista de un proceso político poco definido aunque comentado según intereses políticos de un amalgamiento de realidades socio-económicas con ideologías de la época pero siempre bañadas de los inconscientes heredados sobre lo significativo de lo que se conceptualizó, inteligente, como el “gendarme necesario”.

Este concepto socio-político que penetró en las mentalidades de lo autóctono y telúrico nacional e, inclusive, en el de la importante migración de aquellos entonces provenientes de una Europa en constante y permanente crisis ideológico-guerrerista, por tradición histórica es, en nuestro criterio, un concepto asimétrico con lo real-histórico no solo del propio proceso independentista sino de aquel cúmulo de sucesos militaristas que se expresaron durante cuasi todo el siglo XIX hasta alcanzar la objetiva realidad significada en el “poder gocho”, popularmente conocido como el “por andino”.

Es decir, esa propuesta de Vallenilla Lanz, curiosamente, hombre muy cercano al “general” Juan Vicente Gómez, utilizó el vocablo “gendarme” en contraste al concepto “militar y/o caudillo” pero nunca “líder”. Ello nos lleva a tener que objetivar sobre el proceso histórico venezolano sí, en el mismo, lo fundamental es “lo militar” o más bien “lo caudillesco” o, también, “lo gendármico” porque el impacto en el inconsciente colectivo nacional tanto para el conjunto social autóctono como el migrado nos permite ir conociendo y definiendo el proceso político revolucionario de la fecha a proponer en el transcurso de este escrito pero, necesariamente, finalizando con Hugo Rafael Chávez Frías sobre el cual tendríamos que precisar para tratar de conceptualizar sí fue caudillo, gendarme o militar o más bien los tres conceptos adosándole el de líder criollo.

Es cierto que la Historia de lo que se definió como Venezuela junto a todas las acepciones históricas adosadas es profundamente compleja aún en el actual marco del conocimiento histórico nacional y considerando y reconociendo los actuales estudios históricos que vienen vertiendo, públicamente, la intelectualidad del Centro Nacional de Historia bajo las responsabilidades de Pedro Calzadilla.

Frente a esas objetivas realidades nos tropezamos con todas las lógicas contradicciones condimentadas con ideologías al ritmo de las “medias verdades conceptuales” que permiten, justifican y ayudan a los interesados en sus propios propósitos políticos personales e internacionales y ello, debemos, obligatoriamente, expresarlo y exponerlo, sencillamente, es “como agua por debajo de puente” independiente de los tiempos temporales que utilice “el agua en pasar por debajo del puente”.

Hablábamos de una fecha en referencia como “primer paso” del largo, permanente y perfectible proceso revolucionario venezolano criollo cual sería, según así lo consideramos, aquella manifestación de protesta en aquel febrero de aquel importante año de 1928. Queda de ustedes precisar la fecha exacta de aquel comienzo revolucionario para que puedan definir lo que Edward H.

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Carr calificó como el “hecho histórico” en el marco de tratar de comprender ¿Qué es la Historia?

Lo inmediato anterior es de necesaria y obligante responsabilidad de comprender para tratar de alcanzar “la comprensión” de la utilización subjetiva del hecho histórico en función de buscar alcanzar la necesaria justificación político-personal-ideológica que le pueda permitir a ese factor político imponer unas matrices justificativas que, en ocasiones, en frecuentes oportunidades, les permita poder caminar por esa cornisa justificativa que le busque consolidar y justificar un equivocado concepto del Poder con mayúscula tanto con las finalidades del ejercicio de la gobernanza como la lógica aspiración de alcanzar esa gobernanza tanto para “tirios como troyanos”.

El 2 de febrero de 1928, como hecho histórico, se transformó, producto de los aconteceres futuros, en un desarrollo revolucionario autóctono, criollo, muy caraqueño y con matices militaristas y militares.

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Recias palabras de don Rómulo Betancourt cuando en primeros años hacía referencia al “máuser”, una veces a favor, otras en contrario, pero no le “tembló el pulso” para conspirar y arrejuntarse con el sector militar en oposición a otro militar y sus allegados civiles en franca oposición a políticas nacionales cuales, en última instancia, beneficiaban al quehacer de Patria hacia una nueva República moderna.

Pero los acontecimientos que se fueran desarrollando en aquella intelectualidad convertida en dirigentes políticos de diferentes trincheras ideológicas, responsables del 28, irían marcando, profundamente, en el desarrollo revolucionario venezolano.

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En algunas ocasiones sobre concepciones ideológicas en sus praxis soviéticas, en oportunidades producto de las crisis mundiales poco comprendidas o, quizás, de bajo impacto nacional, en otras, las contradicciones según el reformismo frente al bolchevismo, pero, probable, por las incomprensiones sobre la sociología criolla.

Lo cierto es esa dialéctica entre la presencia de pensamientos de izquierda fueran bolcheviques, fueran reformistas, frente a “lo militar” siempre presente en los quehaceres del Estado venezolano.

Busca la pregunta histórica requerir interrogarse sobre los nacionalismos de Medina Angarita y los expresados durante la gobernanza de Pérez Jiménez.

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La inquietud histórica se alza en inquietud cuando trata de analizar el Gobierno de Rómulo Betancourt junto a “lo militar” y la muy corta vida del gobierno de don Rómulo Gallegos “tumbado” por militares “nacionalistas”.

Se inquieta la Política criolla cuando la Historia “saca del tintero” todos los oportunos “auto-exilios” de Rómulo Betancourt para finalizar en Nueva York.

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Y, como primera conclusión, llegó “el gobierno civil” representado en los desarrollos anuales por el “Pacto de Puntofijo” con toda su significación política, ideológica, económica y militar.

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Llega a nuestro consciente aquel decir sobre “la bofetada” que le implantó Betancourt a un general en Miraflores.

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Salta al desarrollo de los primeros años la política anti-dictatorial-militar de Punta del Este. Nos recuerda la Historia los escenarios militares de la Escuela de las Américas en Lara, Falcón, Yaracuy, Oriente y El Bachiller.

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Pero nada de aquello impactó en el lógico desarrollo de la revolución criolla. Lo militar y lo militarista siempre presentes.

En el sentido histórico de nuestro desarrollo, nos consideramos que aún y la presente realidad no hemos, seriamente, calificado, en toda su concepción, las calidades e importancias significativas de lo fundamental del triunfo electoral y su importante significación e impacto histórica como sus políticas importantes y básicas en correlación y correspondencia con los “tiempos modernos” de necesidad no solo imperativo-histórica sino en el marco en desarrollo del propio proceso revolucionario-criollo, todo ello independiente de la lógica pero necesaria reacción que se expresó en dos etapas que nos calificamos como “hechos históricos”; la primera etapa el propio “golpe de estado” del “11 de Abril” (2002) con su correspondiente coletazo del denominado “Paro Petrolero”; siendo la segunda etapa la denominada como el “13 de Abril” cuando se expresó la revolución criolla en la conversión de su inconsciente colectivo en consciente colectivo ambos de expresión histórica.

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No deseamos disminuir la labor que viene realizando Diosdado Cabello Rondón en su programa “con el mazo dando” referido a la promoción del “pensamiento Chávez Frías”.

Nuestra inquietud va más allá de la palabra, los accionares, las políticas, el impacto social, económico y financiero, entre otros avatares, aún y cuando nos permitimos discrepar sobre “ciertos temas de Estado” cuales se asumieron durante la primera etapa post-moderna del proceso revolucionario criollo.

Objetivamente, sin desmerecer los paradigmas alcanzados durante el ejercicio de gobernanza que se expresó durante la 4ta.

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República gracias a la instalación de una democracia representativa y el ejercicio en Dependencia de la economía petrolera y la permanencia del Estado rentista, el gobierno instalado con el Presidente Chávez Frías, Venezuela como Estado-nación, según la tesis marxista, junto con la propuesta de la Constituyente, ha caminado hacia un “salto adelante” de dimensiones históricas y novedosas en el marco teórico-conceptual de un proceso revolucionario de democracia participativa y una economía social en permanente perfectibilidad en el marco de las reales contradicciones que vienen afectando, positivamente, tanto a la estructura como a la super-estructura aunque su praxis haya estado más cercano al “modelo ruso” que al “modelo chino” con lo cual se han agudizado las contradicciones afectando negativamente al lógico proceso evolutivo de la revolución criolla.

Pero nuestro objetivo es resaltar la importancia de la “unión cívico-militar” en el marco significativo e ideológico de la Revolución Bolivariana junto al desarrollo del bolivarianismo realizado por Chávez Frías.

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Es históricamente demostrable, en ese contexto, que el concepto “unión cívico-militar” no es un concepto venezolano como lo demuestra la Historia de las revoluciones pero, en el caso concreto de la revolución criolla, ese importante pensamiento bolivariano y el proceso histórico-venezolano, la unión cívico-militar en nuestro caso nacional, tiene características propias que la expresan en forma única y diferente tanto desde lo objetivo revolucionario como lo antropológico-social como se demuestra en nuestra Historia con las realidades sucedidas desde los tiempos de la colonia en el ambiente de la sociología llanera.

Pero Chávez Frías impuso el concepto “unión-cívico-militar” como una característica propia de la revolución criolla sobre la base histórica del proceso independentista, justamente, con el contenido profundo y significativo de tan álgido proceso pero no exponiendo el ambiente concreto militar sino los contenidos sociales y político-ideológicos de la revolución criolla, lo cual obliga al concepto “unión cívico-militar” a ser particularmente considerado y precisado en su proyección socio-política e ideológica.

Es, en ese marco referente, que las derechas, en simple y sencilla expresión y comportamiento hipócrita, rechaza esa “unión cívico-militar” de importancia vital no solo en lo referido-interno-nacional sino en su conjunción objetiva de las nuevas doctrinas militares que se tuvieran que adoptar tanto a lo significativo del impacto en los PIB nacionales como dentro de la doctrina de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, como la objetivación de la mundialización y la seguridad internacional para lo sistémico capitalista.

Pero el propio desarrollo del sistema capitalista mundial y las “nuevas inseguridades” que se vienen desarrollando están obligando a los estados nacionales, en la conjunción real de la globalización, a redefinir esa seguridad internacional rediseñando una “nueva doctrina militar y de seguridad” cual está sustentada esa obliganza en las no tan recientes experiencias de lo militar estadounidense y sus aliados de la OTAN en lugares de guerra en Afganistán y Iraq como las consecuencias tanto en Libia como en los actuales escenarios de guerra con sus propias características en Siria.

Es decir ante la “nueva doctrina militar” en su desarrollo teórico y en su aplicación real, la “unión cívico-militar” bolivariana y chavista en el real y objetivo de lo significativo que representa el proceso revolucionario criollo se expresa, consideramos, en diferentes variables y conceptos que permiten y obligan a una praxis nacional con extensiones allende fronterizas.

Es en el marco de esa realidad que cada gobernación que pudiera quedar bajo los designios de la derecha nacional soportada por la nueva realidad internacional de las políticas de extrema expresión capitalista bien conocidas, socavarían, real y objetivamente, el desarrollo de la revolución criolla en su curso retrotrayéndola a estadios superados desde el mismo momento del triunfo de Hugo Rafael Chávez Frías en aquel diciembre de 1998.

UNIDAD, LUCHA, BATALLA, VICTORIA.

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