No hay duda que la garra ensangrentada del águila imperial, se crispa sobre la comunidad suramericana y caribeña y que la semilla “Malinche”, ha crecido en esta amplia, acogedora y esperanzadora pradera, donde como “En la viña del señor hay de todo”. Afortunadamente la estirpe libertadora y honesta, que la encarnan los pueblos prevalece sobre los traidores y forajidos, que han asaltado los parlamentos y esferas gubernamentales en el continente y a quienes mas temprano que tarde, como al cerdo gordo, les llegará su sábado.

Los acontecimientos de Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil, que no son otra cosa que una réplica en dimensiones diferentes de lo ocurrido en Honduras, con Manuel Zelaya y en Paraguay con Fernando Lugo. Pero estos episodios lejos de ponernos a la defensiva y acongojados; a nuestra manera de ver tienen que fortalecernos, porque esa arremetida del águila imperial, con el apoyo de los lacayos de acá, solo debe representar para los revolucionarios el fuelle que aviva la llama de la fragua que viene a templar el acero de los pueblos bolivarianos, que pareciera que con el temprano viaje de Néstor Kirschner y de Hugo Chávez se había debilitado y el imperio pensó que era el momento de apagarla, barrer sus cenizas y abonar la pampa para sembrar de nuevo el neoliberalismo, como lápida al movimiento liberador, que bajo el emblema del bolivarianismo y con la cabalgata de Hugo Chávez, sobre el caballo de la libertad, incendió la pradera en el continente y el mundo disparando las alarmas del sionismo y del complejo militar, industrial y comunicacional, que ven en peligro su proyecto hegemónico para la humanidad.

Los tiempos históricos son inexorables y la sentencia que traen consigo, solo espera la ejecución por parte de quienes en resistencia han sido capaces de escribir las más increíbles páginas en la historia de la humanidad, que no son otras criaturas que los pueblos sedientos de libertad y justicia, que cuando se levantan y deciden ser libres, no hay imperio que los pare o destruya.

El sabio pensador trujillano Mario Briceño Iragorry, supo interpretar mejor que nadie esta naturaleza de los pueblos cuando expresó: “Aunque parezca dormido o engañado, el pueblo ha aprendido su lección, el dura más que aquellos que lo oprimen y explotan “.

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Hoy los pueblos del continente han aprendido su lección y eso nos lleva a creer sin temor a equivocarnos que de cada experiencia dolorosa debemos hacer una fortaleza de victoria, amor y dignidad, con el calor de la conciencia de todos los oprimido que representa el acero que debemos templar cada día en la fragua, que tiene que ser cada espacio social donde hagamos vida.

Tomemos la experiencia y el ejemplo de los sandinistas en Nicaragua, que en las primeras de cambio el látigo de la oligarquía apátrida junto al asedio del imperio hizo estremecer a la revolución y, luego de una pausa el pueblo que por falta de claridad y consistencia ideológica le abrió un compás al neoliberalismo y a la traición, cuando volvió a sentir en carne propia que la fusta imperial lo flagelaba y que las “ovejitas” de la socialdemocracia que se ofrecieron como salvadoras, resultaron ser feroces cancerbers del imperio; reaccionó y los echó del poder para restaurar con mayor fuerza a la revolución sandinista.

A riesgo que se nos tilde de ilusos y temerarios, nos atrevemos a decir que los episodios que viven ahorita los países del ALBA, UNASUR , la CELAC y MERCOSUR, no son más que pruebas que podemos superar con liderazgos que profundicen y radicalicen el ideal revolucionario y se olviden de cohabitar con el enemigo en nombre de un “diálogo” que no va a encontrar interlocutores en los centros de poder imperial ni en el seno de las oligarquías apátridas y descastadas, que solo tienen como paradigma la sombra y los mendrugos que las corporaciones les ofrecen a cambio de la entrega y la felonía.

El precio de esa ingenua creencia lo estamos pagando en Venezuela, donde las corporaciones nos han arropado y ahora hay que poner todo el empeño, esfuerzo y radicalismo para sacudirnos el yugo y rescatar el espíritu y legado del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías.

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Eso tenemos que hacerlo todos como un solo hombre, sin capataces ni arrieros, es el tiempo de los pueblos.

Dilma y el PT en Brasil, Cristina y la izquierda, en Argentina, en Venezuela, Maduro y la revolución bolivariana son actualmente el blanco de las corporaciones representadas por forajidos de los partidos aliados de derecha, que utilizaron al pueblo con engañifas, para asaltar los parlamentos en pos de sus oscuros fines.

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Ahora toca a los pueblos mantener ese “No al golpe” y acompañar a Lula, a Dilma, al PT, a Cristina, a la revolución bolivariana contra las pretensiones de los infames felones.

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El pueblo con sus movimientos sociales debe activarse para el rescate de la democracia y la expulsión de los mafiosos que están usurpando el poder legítimo del soberano.

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En Venezuela y Argentina toca cobrar con coraje, el engaño. Solo el pueblo salva al pueblo. Alí Primera, lo estableció claro en su canción necesaria: “La inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva, lo salvará su conciencia y en eso me juego el alma”.

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El triunfo Latinoamericano, indiscutible en la OEA y MERCOSUR, contra el imperio y sus lacayos nos enseña el camino.

Los pueblos del ALBA, UNASUR, CELAC y MERCOSUR, somos la esperanza de quienes en el mundo luchan por la libertad, la dignidad, autodeterminación y la soberanía.

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La casta bravía y cimarrona legado de nuestros ancestros, con su carga histórica nos hace invencibles antimperialistas.

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Solo tenemos que mirar al frente y preguntarnos con bizarría. ¿ Brasil y Argentina, derrota, victoria o enseñanza?

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