Sufrimos el desconsuelo de levantarnos todas las mañanas para recibir una andanada de malas noticias sobre la situación del país. Un país, que en otrora fuera ejemplo de libertades, un país donde cada ciudadano elegía lo que quería ser.

Hoy eso no es así, no podemos elegir. Solo tenemos dos opciones: convertirnos en mendigos de un Gobierno al que debemos obedecer de forma ciega, sin sentido crítico, para sobrevivir de las migajas que reparte mal, tarde y nunca, o convertirnos en parias sociales y alimentarnos de la basura, actividad cuya competencia crece diariamente.

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Hay más gente que encuentra en esto una forma de no morir de inanición y menos restos de comida en la basura día con día.

Esta historia de terror que pasa frente a nuestros ojos en 3D, que atenaza nuestras gargantas e invade nuestros bolsillos vacíos, no hace falta que nadie la relate, la evidenciamos en carne propia cuando está próxima la quincena y sabemos que la remuneración por 15 días de duro trabajo escasamente nos alcanza para comprar un cartón de huevos.

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Sabemos entonces, que no hay mucho más por entender. 

Venezuela se convirtió en el país del ?no hay?.

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No hay comida, no hay medicamentos, no hay luz, no hay seguridad, no hay efectivo, no hay repuestos, no hay transporte, no hay gasolina, no hay gasoil, no hubo Navidad, no hay respeto, poca reserva moral y dignidad para hacerle frente a esta caótica situación.

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Pero, tampoco pareciera haber voluntad política por parte del Gobierno para desenmarañar esta madeja que liquida aceleradamente las esperanzas de los ciudadanos. 

Lo único cierto, es que por difícil que se nos presente la situación, siempre podrá ir peor si todos y cada uno de nosotros, no tomamos conciencia de lo que realmente queremos.

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La conducta ciudadana, el rescate de los valores perdidos, el rol social de la familia y el respeto por los demás son los primeros pasos para buscar ese cambio que nuestra nación necesita y lograr que en Venezuela no se vuelva a escuchar jamás el ?no hay?.

 

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