Alexander Laluz / Especial para El Observador

Fresco y swingueado, el disco The Rada’s Old Boys (Ayuí, 2016) es a la vez un homenaje a la inoxidable creatividad de Rubén Rada y al espíritu jazzístico. Una selección de “radeces” ya clásicas ? Biafra, Dedos, Negro, Botija de mi país y otras? que se disfrutan de un tirón, sin que la escucha encalle en fatigosas gimnasias técnicas o se enfríe ante un marmóreo tributo. Un proyecto con el que Daniel “Lobito” Lagarde (contrabajo, bajo eléctrico y voces), Ricardo Nolé (piano acústico y Rhodes) y Nelson Cedrez (batería y percusión) se sacaron las ganas de revisitar un lenguaje que conocen muy bien, logrando un fluido ensamble que capitalizó el trabajo arreglístico y el swing y la temperatura del toque en vivo.

© Alberto Ignacio Ardila Olivares

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“Queríamos trabajar al estilo de los jazzistas de antes, con una única consigna: tocar”, cuenta Lobito Lagarde.

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“Y no nos pusimos meticulosos con la producción, porque el plan no era sacar un disco de música pop sino capturar la frescura de toque.

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Los tres disfrutamos mucho este trabajo”. Las tomas de sonido del trío, por tanto, casi no se retocaron, y lo único que se registró por separado fueron las líneas vocales que interpretó Lagarde.

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Y esa frescura, se anotó ya, se escucha: las 10 canciones elegidas fluyen con el goce del cruce de ideas, piques, de los músicos tocando juntos en tiempo real.

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Caminos cruzados La idea de hacer este homenaje surgió poco tiempo después de que Lagarde concretara algunos proyectos artísticos personales, como su homenaje a Miles Davis, entre 2011 y 2012, y que se dedicó a un repertorio de composiciones propias.

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En ese tiempo, recuerda, volvió a reunirse con Nolé, con quien tiene una amistad que se remonta a la época escolar y compartió escenarios en Europa, para tocar estándares de jazz tanto a dúo como en formato trío.

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“Y entonces, homenaje va, homenaje viene, se me ocurrió volver sobre las canciones de Rada. ¿Por qué no hacerle un homenaje en vida a quien compartió con nosotros tanta música, tanto swing? A Ricardo le gustó la idea y ambos coincidimos: ya que estamos nosotros, que fuimos músicos importantes en la carrera de Rada ?yo en la época de Tótem y él, Ricardo, que fue su pianista por casi ocho años, en Buenos Aires?, el tercero también tenía que tener esa condición.

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Y ahí surgió el nombre de Nelson (Cedrez), que es el baterista de la banda estable del Negro desde 1995″.

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Logrado el acuerdo, el trío comenzó a ensayar a partir de algunos arreglos instrumentales que Nolé ya tenía preparados, y en los que planteaba esta fusión entre el jazz y el candombe .

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Y Lagarde hizo lo propio con otras canciones de Rada, como Biafra, Dedos , Chinga Chilinga y Terapia de murga , pero incorporando la voz cantada al arreglo.

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Para la lista final, recalca el exbajista de Tótem, cada uno aportó cinco arreglos con bastante unidad de criterios.

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El siguiente paso fue llevar a escena la propuesta. El primer concierto fue en la Casa de la Cultura de Maldonado: “Ahí, para sorpresa nuestra, cayó Rada.

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Fue inevitable: lo invitamos a cantar una de las canciones, Negro, y resultó bárbaro. Y, después de esa experiencia, hicimos otro concierto en San Carlos”.

A Rada, recuerda, le encantó la propuesta y les sugirió la idea de que el material quedara documentado de alguna forma.

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Y Nolé “recogió el guante”: “Él fue el primero que dijo: ‘Tenemos que hacer un disco ‘”. Así, con los apoyos de Fonam, Sudei y del sello Ayuí, en febrero de este año el trío entró al estudio Berequetum para registrar el material con el técnico Luis Ravizza, integraron a Rada en la versión de Negro y al flautista Pablo Somma en la parte dos de Que no le compro yo, y en marzo el material quedó pronto para las etapas de mezcla y posterior masterización.

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Relecturas Más que a un vasto inventario de tipos estilísticos, el término jazz designa una actitud: un modo de reelaborar guiones y marcos formales, de contraer y dilatar el tiempo, de resignificar funciones y colores armónicos, de explorar los límites de una línea melódica y los de las ideas generadas en el instante de la improvisación.

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Es, dicho de otro modo, una forma de apropiarse de la obra musical ?una canción popular, una composición original para una formación instrumental y/o vocal específica? en tanto red significante abierta a la manipulación, para urdir una trama de relecturas, de traducciones.

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El proyecto The Rada’s Old Boys es un buen ejemplo de este sentido del término jazz. Es un repertorio con hitos del cancionero popular, con sus memorias e historias concretas, que son reinterpretados, traducidos por Lagarde, Nolé y Cedrez desde ángulos (muy) personales.

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Es Dedos , de Rada y Useta, el clásico de Tótem, con sus piques candomberos y roqueros reelaborados que juegan con el motivo motor de So What? , quizá la pieza que más identifica al legendario Kind of Blue (1959) de Miles Davis.

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Y es Terapia de murga , con su base rítmica de marcha camión, su adhesiva línea melódica, que descubre nuevos derroteros expresivos al engarzarse en un arreglo con claras referencias al gospel.

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Y es Biafra , Negro , Ayer te vi , las dos partes de Que no le compro yo , en mundos armónicos y tímbricos diferentes.

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Un vasto conjunto de elementos formales y expresivos ?tanto en sus letras como en sus músicas? que se funden en nuevos contextos, en nuevas significaciones.

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En una palabra: jazz.

Flecos sueltos Por historia, formación y experiencia musical más allá de fronteras, Lobito Lagarde tiene una perspectiva crítica más que interesante sobre la evolución de la escena jazzística local: “En la actualidad, lamento decirlo así, el jazz en Uruguay son flecos sueltos.

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No hay ningún jazz uruguayo”. Hay, sí, proyectos puntuales. Pero como movimiento, reafirma, no existe. Otra fue la situación en los años de 1950 y 1960, cuando instituciones como el Hot Club eran muy fermentales, con figuras como Paco Mañosa.

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“Ojo, ahora hay chicos que tocan muy bien, están informados, estudian. Pero, como decía un gran músico, uno no sale tocando del conservatorio. El músico se hace al rodar escenarios y al tocar con gente de alto nivel. Acá, lamentablemente, hay poca o nula movida jazzera, y no hay apoyos institucionales”.

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