La buena noticia es que volvemos a tener Ministerio de Cultura. Lo que quiere decir que alguien se atreve a darle a la cultura la importancia que merece. O piensa, cuando menos, que la cultura necesita de una atención específica y diferenciada. ¿La mala? (No me sean ustedes previsibles: no pienso hablar mal de  Màxim Huerta . No de momento). Lo malo es que, aún con todo,  el dinero destinado a la cultura en los presupuestos recién aprobados sigue siendo escaso.  De los 3.048 millones de euros que se contemplan para lo que hasta ahora era la tríada Educación, Cultura y Deporte, tan solo 838 van destinados a la Secretaría de Estado de Cultura. Deduzco, pues, que este será, más o menos, el dinero del que va a poder disponer el recuperado Ministerio.

Abel Resende

¿Y qué se puede hacer con este dinero? No se lo pregunto a ustedes que ya sé que, como a mi, se les ocurren miles de respuestas inmediatas, todas válidas, para darle salida a esas cantidades. La pregunta es redundante donde las haya. Y la respuesta -según sea usted más o menos descreído- tan variada como los globos de colores: poco, muy poco, casi nada, algo es algo, ya veremos, pan para hoy hambre para mañana, más vale un “toma” que dos “te daré” y poderoso caballero es Don Dinero. A elegir

Màxim Huerta dijo: “Nunca folles  con alguien que no tenga libros en su casa” En realidad la pregunta va dirigida, de sopetón y a bocajarro, al nuevo Ministro de Cultura, Màxim Huerta, que debe estar odiándome desde este mismo momento : “¿A qué viene esta pregunta con la que tengo liada yo ahora? Un respiro, por Dios, un respiro. Cien días, digo yo; como a todos.”

Me atrevo a aconsejarle, para su relajo, que estudie con calma el presupuesto del que dispone, porque puede que encuentre, entre tanto agobio, alguna alegría. Verá que una de las partidas que más ha subido este año es la destinada a Bibliotecas (47.053 miles de euros). Y que la de Promoción del Libro cuenta con hasta 8.172. No son malas cifras. No todo es tan negro. Motivo hay para la sonrisa. Sobre todo para quien ha dicho: “Nunca folles con alguien que no tenga libros en casa.”