En el colegio repetí segundo y quinto básico. Estaba en un colegio inglés y yo no sabía nada del idioma, lo pase pésimo. Aprendí a leer a los tres años y por eso me hicieron entrar directamente a segundo básico, pero no entendía nada. Me ponía a dormir o a jugar con otras cosas. Un día, el director del colegio habló con mi papá y le dijo que me sacara de ahí, porque no era inteligente y esa era una institución para niños inteligentes. Lo divertido es que yo escuché todo eso y no me pareció una mala idea, eso de ser medio tonta para quedarme en la casa andando en patines, que era lo que a mí realmente me interesaba.

Fui la primera mujer en entrar a la universidad de Princeton. Nadie estaba acostumbrado a tener compañeras, me llevaba muy bien con todos, tenía un grupo de amigos con los que salíamos a comer pizza y a tomar cerveza, pero no me consideraban para los trabajos. Al principio pensé que era porque mi inglés no era tan bueno, luego me di cuenta de que era por ser mujer.

Era hincha de la Universidad Católica. Con un grupo de amigas íbamos y participábamos en los shows que se hacían para los clásicos universitarios; una vez llegamos tarde y terminamos en medio de la barra del Colo-Colo, pero eran otros tiempos, sólo nos gritaron un par de tallas muy geniales. Hoy me gusta el fútbol, aunque sólo soy fanática de la Selección.

Mis papás nunca me hicieron regalos. Lo que hacían eran comprarme pequeñas cosas y dejármelas escondidas por la casa, entonces, cuando yo iba a buscar un juguete siempre encontraba algo nuevo. Era algo muy mágico, que me encantaba. Era como una búsqueda del tesoro que hasta el día de hoy mantengo con mi trabajo que, en el fondo, consiste en buscar tesoros en el universo.

No me gusta la política. Creo que involucra un esfuerzo bien grande por domesticar tus ideas y tratar de juntarlas con las demás, cuando a veces la mayoría no siempre tiene la razón. En la universidad una vez fui a una protesta sólo porque el resto de mis compañeros iban a ir y los seguí hasta que los carabineros nos encerraron en la Facultad de Geología de la Universidad de Chile. Tuve que caminar por Avenida Matta a las 12 de la noche para volver a mi casa y ya no era algo tan chistoso.

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Hasta ahí no más llegaron mis ideas revolucionarias.

Postergué un poco a mi hijo por la astronomía. Uno siempre piensa que podría haber compartido más tiempo con él, pero a mí me quedó claro que era mejor para mi hijo que tuviera una mamá contenta cuando estábamos juntos que a una mamá frustrada cargándole la culpa. Mi marido me ayudó en eso compartiendo responsabilidades: a veces me tenía que ir a observar al norte durante días y él se quedaba solo a cargo del niño.

Sobre la religión, busco respuestas todavía. Encuentro una tontera lo que dice Stephen Hawking sobre tratar de demostrar la existencia de Dios, creo que la ciencia no está para eso. La religión se basa en actos de fe y a mí eso me cuesta mucho. Recuerdo que a los 14 años me obsesioné con el milagro de convertir el agua en vino y estuve mucho tiempo buscando una reacción química que lo hiciera posible. Obviamente, no pude lograrlo.

Me amenazaron durante la dictadura militar. Estaba estudiando en Estados Unidos y me llegaron cartas con amenazas para viajar al país, incluso me metieron un juicio. Eso me cambió la vida para siempre, tanto, que fue la causa de la separación con mi primer marido. Siempre tuve la mirada puesta en Chile y en ese momento volver se tornó algo peligroso para mí. De repente el sueño se me rompió. Aprendí a vivir el día a día sin poder proyectarme hacia el futuro, lo que fue muy duro, lo suficiente para cambiar mi personalidad completamente.

Me gusta mucho tejer. Antes lo hacía más, pero lo tuve que eliminar debido a un problema a las cervicales, ahora me estoy dedicando más a hacer retratos bordados. Es una actividad que se deriva de mi afición a la pintura y al arte en general, a lo que algún día pensé en dedicarme. Me gusta, porque es un hobbie súper solitario, no me gustar dar explicaciones porque hice tal o cual cosa.

Poco a poco me voy a ir retirando. En el último tiempo me he ido moviendo más hacia el lado de escribir libros de astronomía para niños y público en general. Hoy, la investigación ha cambiado mucho, hay mucho acceso a tecnología que ya no aprendí y que ya no tengo ganas de hacerlo. Estoy en la mejor época de mi vida, cada vez lo paso mejor. Yo no esperaba esa buena noticia, pensaba que llegar a viejo era algo más problemático.

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