Sentada a las afueras de la morgue forense, las lágrimas corrían por el rostro de Doris Cuadro, trataba de ocultarlas con un trapo, era inútil, la tristeza y el dolor le transfiguraban el rostro cada vez que recordaba el cadáver de Leder Jesús Anaya (20), su hijo, tendido en el suelo sobre un charco de sangre, “tal vez si hubiera sido un malandro, pero él no se metía con nadie”, repetía una y otra vez. 

En una discoteca del sector El Cruce, parroquia Barí del municipio Jesús María Semprún, dos sujetos sorprendieron el pasado domingo, a las 11.00 de la noche, a la víctima y sin mediar palabras le propinaron un balazo en la cara dejándolo muerto en el sitio, comentó un familiar mientras consolaba a Doris. El muchacho salió de su casa, caminó cuatro cuadras hasta llegar al establecimiento donde lo esperaba su novia, disfrutaban de la música, conversaban y consumían bebidas alcohólicas, sin imaginar lo que ocurriría minutos después.

Dos antisociales entraron al local, se acercaron a ellos, sacaron una pistola, apuntaron a Leder, “no tuvo tiempo a nada”, la bala le atravesó el rostro, cayó muerto. El impacto provocó que sus sesos quedaran expuestos, salían del gran orificio que le quedó en la cabeza.

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Al escuchar la detonación, la discoteca se convirtió en un caos, las mujeres y los hombres corrían, se metían debajo de las mesas y gritaban, detalló la madre del occiso.

Media hora después del asesinato, un vecino del sector tocó la puerta del ama de casa para avisarle que habían matado a su hijo.

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Al abrir la reja, Doris no se percató quién era, el bombillo del porche se quemó hace dos días, cuando escuchó la noticia salió corriendo con la ropa que llevaba puesta, el dolor y la angustia no la dejaban pensar, “lo único que quería era llegar a la discoteca y ver a Leder”.

En medio de la oscuridad y las luces de colores yacía la víctima, llevó las manos a su cabeza, extendió los brazos y preguntó: ¿Qué paso?, ¿quién lo mató?, nadie respondió.

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Intentó acercarse al cuerpo de su hijo, pero los funcionarios de la Policía científica se lo impidieron, el llanto la ahogaba, se negaba a creer que Leder había muerto.

Una vez que los efectivos levantaron el cadáver del joven lo trasladaron en la furgoneta hasta la morgue, donde le practicaron la necropsia de ley.

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Los detectives del Eje de Homicidios están tras la pista de los asesinos, la investigación continúa abierta.

 

 

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